El aborto y el nuevo mapa del Congreso

Política

Bienvenidos al Salón de los Pasos Perdidos. Eso que ven ahí es la puerta de entrada al hemiciclo donde, en un año sin elecciones, se jugará gran parte de la novela política de este 2018. Liderazgos, timing político, posibilidad o no de coaliciones, hasta candidatos, el Congreso será un laboratorio interesante para lo que viene. Tan interesante que incluso se prepara para enfrentar un debate que puede derrumbar varias certezas.

Pero antes un poco de historia y de contexto.

 

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El 1° de noviembre de 2011 fue el día que más cerca estuvo de sancionarse el proyecto de ley de legalización del aborto. Aquella tarde, la iniciativa de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito obtuvo dictamen en la Comisión de Legislación Penal. La reunión tuvo quórum estricto de once miembros, el mínimo requerido. Y sobre esa base, apenas seis respaldaron el texto. El proyecto, como se sabe, no prosperó. Seis años y algunos meses después, la diputada nacional mandato cumplido Juliana Di Tullio explicó por qué no insistió en pasar de pantalla con aquel dictamen. Según escribió en Anfibia, la proyección del consenso obtenido la empujó a creer que era más conveniente no bajar el expediente al recinto para evitarle una derrota que, a su entender, lo heriría peor que esperar a mejor oportunidad. ¿Es criticable la definición, si se quiere conservadora, de Di Tullio, de freezar la cuestión por varios años? ¿Lo es la de la ahora senadora bonaerense de no ponerse al frente para ver si con eso movía voluntades propias y torcía el rumbo?

Todo es polemizable. Lo que sí parece incorrecto es hablar de un “kirchnerismo que no puso sobre la mesa el aborto cuando era mayoría”, porque en estos litigios el conteo es transversal y no partidario. Del mismo modo, las declaraciones del presidente Mauricio Macri, su luz verde a un debate imposible de evitar por la forma en que creció el apoyo al proyecto de ley en este último tiempo, son apenas eso: una martingala que, a instancias de lo visto en el último 8M, no parece cosechar votos por fuera del corral oficial.

En concreto, nada que haya hecho el gobierno nacional es motivo del avance de la posibilidad de consagrar la despenalización del aborto que se observa desde mediados del verano. No se sabe, asimismo, si la líder de Unidad Ciudadana ha modificado su postura. ¿Qué cambió, pues? Sería difícil precisarlo; hay aquí una transformación social compleja que impulsa estas expectativas.

“Defectos de análisis que se replican en un tema tan sensible como el aborto: los ataques según color de camiseta poco ayudan a la comprensión de casi nada”

La lucha feminista ha crecido desde el primer #NiUnaMenos de 2015, y ello supone una reconfiguración profunda. Incluso el Frente para la Victoria no es el mismo. El bloque era, hasta la llegada de Macri a Balcarce 50, más numeroso, sí. Pero también más federal y de mayor promedio de edad. Los hombres y mujeres que ha perdido desde que pasó a la oposición lo han achicado, pero fundamentalmente lo han mutado en una representación más metropolitana y más joven de lo que en sus épocas de oficialismo (la proporción de La Cámpora es ahora superior en más del doble). Y acá el corte es, sin valoraciones, no partidario, sino geográfico y generacional.

Esto último se verifica también en otras bancadas. Cambiemos está compuesto por un ala conservadora en materia de derechos civiles, pero también, y lo explica bien José Natanson en sus trabajos sobre la alianza gobernante, por otra cuyos referentes son los liberals estilo Barack Obama o Emmanuel Macron, tan afines al mercado como a reivindicaciones como las de la comunidad homosexual o de la mujer. Del otro lado de la balanza pesará el robustecimiento del bloque de los gobernadores, que en sondeos previos aparece votando negativo en su totalidad.

La renovación legislativa, algo no necesariamente bueno per se, es alta en Argentina, pese al descrédito al que usualmente muchos gustan someter al Congreso. Defectos de análisis que se replican en un tema tan sensible como el aborto: los ataques según color de camiseta poco ayudan a la comprensión de casi nada. Al compás de la calle, puede ser otro el cantar esta vez.

 

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El reinicio del recorrido legislativo del proyecto de ley de despenalización del aborto se superpone con el de las sesiones ordinarias, en las que podrá observarse la nueva dinámica elaborada por las elecciones de mitad de mandato de 2017. Plato del que ya se sirvió una entrada en diciembre pasado, cuando el macrismo convocó a extraordinarias para apurar la aceleración de la agenda de reformas que, supuso, las urnas le habían habilitado. La calle despertó al gobierno nacional como el chasquido de dedos a un hipnotizado por la espontaneidad de las protestas contra el recorte jubilatorio, y por el sitio en que se registraron. ¿La ciudadanía reaccionó como quien se queja porque lo que recibe no era lo acordado, se sintió libre para por fin ocuparse del Presidente una vez que castigó a CFK en persona, o un poco de ambas? Poco interesa. Lo trascendental es que el clima resulta otro respecto de la hegemonía que parecía haberse dibujado en los comicios que revalidaron a Cambiemos pese a un bienio inaugural complejo en términos socioeconómicos. Aunque corriéndose ella del primer plano de las cámaras ayuda a que varios pierdan la timidez.

Apareció la magia de la política. El giro contextual le brindó aire al FpV-PJ, que pese a haberse reducido parece ahora un hueso más duro de roer. La llegada de la presidenta mandato cumplido a la cámara alta dinamiza propuestas de mayor contraste con las de Olivos. Y el retorno de Agustín Rossi a la comandancia de los diputados (más hábil en esos negocios que su antecesor Héctor Recalde, y habiéndosele liberado más juego, además) aceita acuerdos antes impensados con otros segmentos no-cambiemistas.

“La duda es si interferirán en la reconstitución justicialista el aborto (muchos allí rechazan la idea) y las distintas maneras de relacionamiento legislativo con el Gobierno”

El tercer ítem que se solapa acá es la reunificación, o no, del peronismo. El Congreso será uno de tantos escenarios en que se tratará. Uno y otro proceso se retroalimentarán. El massismo, que se ha encogido, ya no es el interlocutor privilegiado para Cambiemos, que en cambio ahora dialogará más con el grupo que responde a los gobernadores adversarios, que además son el principal conjunto en el Senado (allí el kirchnerismo es tercera minoría). Esto debería facilitar la marcha de la voluntad de Casa Rosada, salvo porque ha caído el precio del titular de Diputados, Emilio Monzó, experto constructor; y por la pérdida de paciencia antes mencionada. ¿Endurecerá esto a quienes alegan que de veras necesitan que a Macri le vaya bien?

La duda es, retomando, si interferirán en la reconstitución justicialista el aborto (muchos allí rechazan la idea) y las distintas maneras de relacionamiento legislativo con el Gobierno. Jorge Capitanich afirmó hace horas que su sector debe ser paciente con las hojas de rutas de los mandatarios provinciales. ¿Hablará por las suyas o expresará el pensamiento del Instituto Patria?

Mientras tanto, la primera sesión del año terminó en escándalo por el famoso “mega-DNU”. Los detalles técnicos quedarán para mejor ocasión. Cambiemos estiró hasta límites insospechables el reglamento con el justicialismo de los gobernadores como auxilio, mientras el massismo, más cercano esta vez al kirchnerismo, quedó envuelto en algunas dudas que lo dejaron descolocado. La reforma jubilatoria caminó otro paso tras los dados con la “reparación histórica” y los sucesos de diciembre último. Esta vez no hubo furia callejera moviendo votos, por lo que el reformismo oficial recobró impulso. Macri parece dispuesto a probar hasta dónde puede tirar de la cuerda. Riesgoso, pero al menos tiene hoja de ruta propia. El peronismo oscila entre el seguidismo y la impotencia.

Resta ver ahora cómo el correr del 2018 por los pasillos del palacio de la avenida Rivadavia ofrece pistas para resolver estos y muchos otros acertijos por venir.

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Last modified: 14 agosto, 2018

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