La política después del feminismo

Política, Principal

El debate alrededor de la legalización del aborto y el proyecto oficial de paridad salarial no son casualidad, sino dos eslabones –nada menores– de una larga cadena de reivindicaciones que el colectivo de mujeres colocó en el corazón de la agenda pública. La modulación de un lenguaje presidencial que acompaña esos debates y se muestra atravesado por sus demandas, incapaz de seguir vigente y de continuar nombrando sin dar cuenta de esa otra realidad, tampoco es casualidad, sino el efecto de esa misma cadena de reivindicaciones, que hoy repercute en una aletargada clase política argentina que descubre, en ya casi todas sus líneas, que no se puede ser dirigente, militante o sujeto público sin dar cuenta –aunque sea como rechazo, aunque sea como error– de aquel viejo e irresuelto problema.

En este contexto, seis referentes e intelectuales de distintos ámbitos, pero reunidas por diferentes confluencias, responden cinco preguntas sobre el lugar de la política después del feminismo y cómo este momento particular del debate pública modifica –o debería modificar más– el accionar, el lenguaje y los contornos de la política argentina de cara al futuro inmediato.

 

Las preguntas son

1- ¿Puede la política argentina prescindir del feminismo (no sólo en términos de acompañar sus reivindicaciones, sino en el hecho de incluirlo como parte de la formación política)? ¿Por qué?

2- ¿Es el feminismo solo una lucha, un campo de acción de las mujeres?

3- ¿Cuáles son las principales deudas que tiene la política argentina respecto de la lucha del colectivo de mujeres?

4- ¿Qué esperás del debate político-institucional en relación con el aborto?

5- ¿Qué significa, para vos, el feminismo?

 

Responden (en orden alfabético)

Pamela Ares. Máster en Políticas Públicas. Presidenta de la Fundación Contemporánea. @eleonoraares

Myriam Bregman. Legisladora porteña (PTS-Frente de Izquierda). @myriambregman

Natalia Del Cogliano. Doctora en Ciencia Política. @NDelCogliano

Juliana Di Tullio. Diputada nacional (MC) (FpV). @ditulliojuli

Josefina Mendoza. Diputada nacional (UCR-Cambiemos) @JosefaMendo

Daniela Reich. Senadora provincial (Cambiemos) @danyreich

 

 

Pamela Ares

Foto: Sofía Orellano

1- La política argentina no puede prescindir del feminismo. El peronismo del siglo XXI tampoco puede prescindir del feminismo. Es hora de empezar a poner a la mujer dentro de la escena y en el centro del desarrollo humano. Hasta ahora, una visión capitalista de la historia y la economía posicionaron a la mujer como un instrumento para el desarrollo del hombre dentro del mercado. El pensamiento, el accionar político, las propuestas y los programas de los partidos políticos tienen que incluir y pensar en políticas como sistemas de cuidados que apuntan a conciliar la vida profesional y productiva de las mujeres con su vida reproductiva y familiar; pensar en una nueva agenda de trabajo con jornadas laborales de seis horas, planteando distintas modalidades de trabajo para las mujeres. Pensar, por ejemplo, en cómo cuantificar el trabajo doméstico no remunerado de las mujeres que aportan a la economía, y la invisibilizan. Una tercera vía entre el capitalismo y el comunismo tiene que tener una visión feminista de la construcción de la sociedad y la comunidad. Latinoamérica requiere tener una visión feminista respecto de las mujeres migrantes y aquellas familias y todos los movimientos que se dan dentro del continente. Tampoco puede dejar de faltar pensar en políticas públicas y presupuestos desde los estados que contemplen la perspectiva de género.

2- El feminismo es una posición histórica, de comprensión política, social y económica.

3- La primera deuda, sin dudas, tiene que ver con la legislación sobre el aborto, sobre la interrupción legal del embarazo. El martes 6 de marzo se presentó el proyecto de la Campaña Nacional del Aborto. Esperamos que los legisladores y legisladoras nacionales puedan debatir, reflexionar, y legislar sobre ese tema. La segunda deuda es muy importante, en la región ya se empezó a tratar –por ejemplo en Uruguay, Colombia, Costa Rica, México– y tiene que ver con empezar a abordar sistemas de cuidados. De hecho el sistema de cuidados en Uruguay cambió la concepción de la seguridad social y la inclusión de las mujeres en el mercado laboral.

4- Espero que los y las legisladores puedan legislar en función de la cosa pública, del entendimiento de la salud pública. Y de las mujeres en general. De las mujeres que menos tienen, para quienes el Estado tiene que estar doblemente presente. Y no en función de su propia religiosidad o criterios morales. También espero que el gobierno nacional no esté utilizando este tema como una cortina de humo para distraernos de otras cuestiones como la inflación, los tarifazos, el ajuste, y se dé responsablemente esto porque realmente le cambiaría la vida a las mujeres, sobre todo aquellas que abortan de manera clandestina.

5- Tuve dos etapas feministas en mi vida. Una tuvo que ver con lo racional e intelectual. Tuvo que ver con mi vida de militante política y estudiante universitaria. El segundo feminismo, que es el que abrazo, es el feminismo de la sororidad y el encuentro con otras. De hermanarme con otras mujeres y trabajar, no solo desde racional o intelectual o desde la lucha de las ideas; sino también desde la sanación de un patriarcado que atraviesa el cuerpo a todas las mujeres. Y desde el trabajo en lo circular y en el territorio. El feminismo es una forma de vida y una forma de ver el mundo. Una forma de maternar, de criar, vivir en pareja, hacer política, de trabajar, de relacionarse con otros y otras.

 

 

Myriam Bregman

Foto: Sofía Orellano

1- La dirigencia de los partidos políticos mayoritarios ha prescindido y seguirá prescindiendo de las ideas del feminismo, siguen manteniendo una estructura machista al interior de sus organizaciones, y, cuando han tenido la oportunidad, han mostrado que hablar en nombre de nuestros derechos no es garantía de nada. Eso no significa que en determinados contextos no incorporen derechos formales que reclamamos las mujeres.

En mi opinión, se trata de un aporte del que no se puede prescindir. Porque cuestionar el patriarcado significa en última instancia cuestionar la sociedad de clases, el capitalismo, donde la mayoría de las mujeres, trabajadoras y pobres, seguirán sufriendo la explotación y la opresión.

2- El feminismo es un movimiento amplio, diverso, heterogéneo y donde conviven diferentes posiciones ideológicas. Desde nuestra perspectiva feminista socialista, nuestra mirada de género actúa en todos los ámbitos de militancia.

3- No es una cuestión de deudas. Hay una política deliberada. En la sociedad capitalista las mujeres somos las más pobres entre los pobres; las que hacemos los peores trabajos, con los peores salarios, y hoy somos también las que sufrimos doblemente las consecuencias de la política de ajustes y despidos del gobierno de Cambiemos. Es lo que se conoce como feminización de la pobreza, que ha crecido desde 1983 a esta parte, profundizando las tendencias de la dictadura. El otro gran tema es el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, un derecho elemental que nos es negado en una democracia muy tutelada por la Iglesia.

4- Seguramente nos esperan maniobras y actuarán varios “lobbys parlamentarios” que intentarán volver a postergar el derecho de las mujeres a no tener ni una muerta más por abortos clandestinos. Adelantamos que no queremos una mera despenalización, sino aborto legal, en condiciones seguras y en el hospital público y gratuito, porque si solo se despenaliza nuevamente se presentará el problema de las condiciones en que deberán realizarlo las mujeres que no puedan pagarlo. Queremos educación sexual integral y anticoncepción gratuita.

5- Soy feminista socialista. Como decía Louise Kneeland, quien es socialista y no es feminista carece de amplitud. Quien es feminista y no es socialista carece de estrategia.

 

 

Natalia Del Cogliano

Foto: Sofía Orellano

1- No. Por suerte a esta altura de la historia y de la lucha de los colectivos de mujeres y de las mujeres políticas, la política argentina no puede darse el lujo de prescindir del feminismo o, diría, mejor, de las reivindicaciones que el feminismo ha conseguido poner en agenda. ¿Por qué? Ahí hay una respuesta normativa o, si querés, moral; y otra puramente pragmática. Veamos esta última (la primera se desprende de todas mis siguientes respuestas). Porque sinceramente creo que ya no “paga políticamente” hacer oídos sordos o negar sus reivindicaciones, incluso al interior de las agrupaciones políticas, incluso en estos ámbitos tan masculinos, como lo son las organizaciones partidarias. Ya hay una masa crítica, una conciencia social –fruto de la movilización y lucha de muchas mujeres durante muchos años– creo que suficientemente arraigada, en pos de una sociedad más igualitaria entre géneros y eso está permeando la política. Lo vimos incluso en el discurso de Macri en la apertura de sesiones del Congreso. El presidente, con intenciones de convertirlas en política pública o no, se vio compelido (podríamos decir que en el caso del aborto hay también un claro oportunismo para, de alguna manera, distraer la atención de hechos de corrupción al interior del gobierno y de un contexto económico “no positivo”) a abrazar varias banderas del movimiento feminista, anunciando una agenda de género para el presente período legislativo.

2- Ser feminista consiste en reconocer que existen desigualdades de género que son injustas y actuar para que esas desigualdades dejen de existir. El feminismo es centralmente un movimiento, un agente de cambio social. Y, te diría, uno de los principales motores del cambio social en este siglo XXI. Creo que no es exagerado decir que los cambios más significativos en nuestra sociedad están ocurriendo o están por ocurrir en el campo de los derechos de las mujeres, y de la mano de la movilización de los movimientos feministas. ¿Es un campo de acción sólo de mujeres? No. Es y debe ser un campo de lucha de hombres y mujeres, porque se trata de un movimiento en defensa de una sociedad estructuralmente más igualitaria y menos violenta; no es, en este sentido, una lucha sólo de las mujeres. Una sociedad más equitativa y con más y mejores derechos debe ser una aspiración colectiva. Al respecto, estoy en contra de cierto feminismo que sostiene una postura de oposición, negación o desprecio por el género masculino. Me parece que ahí se falla o, por lo menos, se corre el riesgo de construir desde la negatividad, desde un “en contra de”, desde un “reverso del machismo”. Pero el feminismo no es eso, es un movimiento político superador de las desigualdades. No significa decir ni sostener que hombres y mujeres somos iguales. Ojo. Las mujeres podemos parir y ser fuente de alimento de nuestros hijos en los primeros tiempos de su vida. Este es un hecho biológico que nos diferencia de los hombres. No obstante, la lucha desde el feminismo debe centrarse en que esta diferencia fundamental no sea fuente de desigualdades políticas, sociales o económicas. Y ahí hay todavía un larguísimo camino por recorrer. Está demostrado que la maternidad es fuente central de inequidad en el trato de la sociedad y el mercado para con las mujeres y los hombres.

3 y 4- Espero que de una vez por todas Argentina pueda darse un debate en serio sobre el aborto y que de dicho debate resulte una ley de despenalización. Continuar con la penalización del aborto, independientemente del avance que significó el fallo F.A.L en 2012, es desconocer una difícil realidad para muchas mujeres. No es una cuestión religiosa ni ideológica, sino un debate de salud pública. Despenalizar el aborto no llevará a más abortos, sino a menos muertes de mujeres que por diversas y atendibles razones, deciden no continuar con sus embarazos. Y no es mucho pedir. Países como los Estados Unidos despenalizaron el aborto –por medio de un fallo de la corte suprema 1973– basándose en el derecho a la libertad individual y, sobre todo, al derecho a la privacidad, y tomando en consideración razones de conveniencia, planificación familiar y posibilidades económicas de la mujer para necesitar o desear interrumpir el embarazo. Esto no pasó ayer, sino, reitero, en 1973. Incluso Italia, contenedora del Vaticano, despenalizó el aborto en 1978.

Debatir la despenalización del aborto no es, por lo tanto, exagerado, sino necesario y, sobre todo, una tarea pendiente.

5- Sumado a todo lo que dije en las respuestas anteriores, desde mi punto de vista feminismo es, además –y fundamentalmente–, militar y trabajar para la erradicación de todo tipo de violencia contra la mujer. Hay algo muy terrible en la vida de todas nosotras –aún de las más formadas o mejor posicionadas socioeconómicamente–, y es que vivimos con miedo cosas tan elementales como el subirnos solas a un taxi… Por otro lado, muchas veces vivimos con miedo la decisión de embarazarnos, porque no sabemos qué va a decir nuestro jefe o jefa y, peor aún, no sabemos si podremos y cómo haremos para continuar con nuestra vida profesional. Esto también es subjetivamente violento.

Creo que a fin de cuentas el feminismo es un movimiento emancipador de la mujer, para que ésta pueda vivir sin miedo, tenga las mismas oportunidades laborales o profesionales que sus compañeros hombres, y para que su condición de madre deje de constituir una limitación para su desarrollo político, laboral o profesional.

 

 

Juliana Di Tullio

Foto: Sofía Orellano

1- Ningún partido político con origen popular y democrático puede prescindir de la formación feminista. Cualquier partido político que bregue por la igualdad y equidad social no puede distraerse con quienes estamos más lejos del reparto del poder, las mujeres. Somos más de la mitad de la población mundial y de nuestro país: ¿cómo se supone que puede haber justicia social, soberanía política e independencia económica sin entender que hay un entramado patriarcal que hace agua en esas premisas y no deja llevarlas a cabo?

Tampoco ningún partido político con origen popular y democrático puede dejar de ser parte del colectivo de mujeres que forman los feminismos en Argentina.

2- El feminismo es una fuerza politizada histórica cada vez más visible, movilizada y organizada en todo el mundo y en nuestro país, que puja por la conquista de los derechos de las mujeres, deseos y autonomías. Concentra luchas desde el siglo XIX y XX haciendo visible las inequidades y conquistando derechos que mejoran la sociedad en su conjunto. Cada conquista mejora nuestras sociedades quitando privilegios.

No es solo lucha, es transformación de fondo y revolución.

3- La deuda más importante que tiene la política, como el único instrumento para dirimir conflictos que se dan en una sociedad, es una ley de aborto legal, seguro y gratuito. Sacarnos a las mujeres del lugar de que nuestras decisiones son clandestinas e inseguras.

4- Espero del debate un resultado favorable para tener una ley de aborto legal, seguro y gratuito para las personas gestantes de nuestro país.

5- El feminismo es para mí un lugar en donde una mujer no se siente nunca más sola, donde cuando habla una mujer hablamos todas las mujeres. Un movimiento que brega por una verdadera revolución cultural y social, un verdadero espacio de construcción de poder popular.

 

 

Josefina Mendoza

Foto: Sofía Orellano

1- Creo que la política no puede prescindir de las mujeres. El feminismo es un movimiento que atraviesa a todas las organizaciones políticas y sociales y que ha marcado la historia del mundo. En nuestro país hemos conquistado muchos espacios gracias a la lucha y la organización. El feminismo cambió la política, por eso no puede prescindir de él.

2- El feminismo comenzó siendo la lucha de las mujeres, hoy es de la sociedad toda. Aún hay mucho por hacer pero todos juntos.

3- Necesitamos transformar nuestra cultura. Más allá de las leyes existentes, sigue muriendo una mujer cada 30 horas en la Argentina. Necesitamos de un Estado moderno que responda a las necesidades de las mujeres, que todas puedan tener voz.

Hoy esa agenda está marcando la política argentina: equidad salarial, licencias materno-paternales, despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo.

4- Soy muy optimista respecto de la discusión que vamos a dar en el congreso, escuchando todas las voces y desde el respeto. Soy optimista también sobre el futuro de la ley, hoy estamos discutiendo si queremos continuar con los miles de abortos clandestinos o si queremos hacernos eco de esa realidad y dejar de marginar a aquellas que, por no tener los recursos, corren serios riesgos y hasta a veces mueren. Queremos que las mujeres que deciden hacerlo, encuentren un Estado que las acompañe, que todas puedan hacerlo en un hospital público.

Creo que el Aborto a mitad de año va a tener media sanción de Diputados.

5- Para mi el feminismo es lucha, es sororidad, es historia y es presente. Es también desafíos, todo el tiempo desafíos.

 

 

Daniela Reich

Foto: Sofía Orellano

1- Soy partidaria de llevar una perspectiva de género a la política y a las instituciones argentinas. El desconocimiento lleva a repetir prejuicios y falsas ideas, que nunca hemos corroborado, pero los tenemos como parte de nuestras ideologías y de la cultura en que vivimos. Si entendemos la política como la actividad humana concerniente a la toma de decisiones que conducirán el accionar de la sociedad toda, me parece que es momento de poner esto como prioridad en la agenda pública. El movimiento tiene mucho que decir –porque ha estudiado, investigado y comprobado– acerca del lugar que hemos ocupado en esta sociedad y las cosas que deben cambiarse para desarrollarnos en base a la equidad y la justicia.

2- No se trata solo de la lucha de las mujeres. Todos debemos apuntar a la comprensión de la naturaleza de las desigualdades, las relaciones de poder, la construcción de la identidad y la sexualidad. Es una forma de promover los derechos humanos y presentar una mirada crítica a las relaciones sociales en general. Se trata de hacer para que vivamos en una sociedad con real igualdad de oportunidades. ¿Es eso tarea y lucha solo de las mujeres? ¿La igualdad solo nos preocupa a nosotras? Yo creo que no, es un tema de todos.

3- Crecer en democracia implica debatir, repensar paradigmas, analizar en profundidad y con sentido crítico temas como la despenalización del aborto, el lugar de las mujeres en la vida pública y política –la paridad, uno de ellos–, las cuestiones laborales y de equidad salarial, la división de tareas en el ámbito doméstico, el acceso igualitario a la justicia y a la educación, etc. Son temas que debemos como comunidad poner agenda como ejes de un debate para Argentina.

En este sentido, el plan de acción para la prevención y erradicación de las violencias contra las mujeres y asistencia a las víctimas que se puso en marcha fue un gran avance en materia de política pública y DDHH para las mujeres.

Otro desafío importante que tenemos está vinculado a cómo juegan estas formas de discriminación en el progreso de las personas. Según los datos del Indec en el 2017 el desempleo promedio en Argentina llegó al 9,3 por ciento, pero si ese número se abre, el desempleo promedio para las mujeres es del 10,5 por ciento, mientras que para los varones la tasa de desocupación es de 8,5%. Para las mujeres hasta 29 años la tasa es del 20,1 contra un 17,2 de los varones. Esta información nos muestra claramente cómo la desocupación nos afecta mucho más a las mujeres y la necesidad de continuar con políticas positivas para revertir esta situación.

A nivel de acceso a justicia, se continua trabajando para dar respuesta a la necesidad de personal capacitado e idóneo para recibir las denuncias y lograr la unificación de causas entre fueros (Civil y Penal) que se presenta como una gran dificultad a la hora de gestionar adecuadamente las causas por violencia de género, y por ende las medidas cautelares necesarias o las penas correspondientes a los agresores, en especial cuando hay situaciones de riesgo que no son contempladas adecuadamente.

Por último, en términos legislativos podemos decir que la ley de paridad ha sido un paso importantísimo en la búsqueda de lograr la igualdad de género en la representación política y el pleno ejercicio de los derechos políticos de las mujeres. Pero todavía falta para que las mujeres puedan acceder a lugares de decisión por su propia idoneidad y capacidad.

4- Lo que espero es que se debata con franqueza, dejando de lado los prejuicios y un abordaje puramente moral, abriendo camino a nuevas formas de convivencia y normativas que plasmen una situación de equidad de género. Es valorable que el presidente Mauricio Macri haya dado su opinión negativa a la despenalización pero a la vez sea el que abre la puerta a un debate inédito en democracia. Esto nos hace madurar y crecer. Porque existen discriminaciones tanto en las sutilezas del lenguaje como en un sistema normativo que poco ha tenido en cuenta las implicancias e impactos desiguales de las relaciones sociales existentes. Bajo una concepción de ser humano único se ha legislado históricamente para un ser humano varón. Ahí tenemos, entones, la mayor deuda histórica. Transformar una cosmovisión.

5- Para mí el feminismo es una forma crítica de comprender el mundo y que pone en evidencia la desigualdad estructural histórica, social y política entre varones y mujeres y todas las consecuencias que ello implica. Así ser feminista es haber entendido el orden patriarcal que rige en nuestras instituciones, nuestras mentes, nuestras ideas, y plantear un cambio de paradigma. Podemos decir que el feminismo es transformación. Una transformación que pone foco en los derechos humanos, busca construir equidad y nuevas relaciones de convivencia entre mujeres y varones, sin opresiones.

 

Fotos: Sofía Orellano | Flickr

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Last modified: 28 junio, 2018

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