¿Adónde va el big bang la­ti­noa­me­ri­ca­no?­

| Política

América Latina vive un tiempo convulsionado que no reconoce ni hegemonías progresistas ni concertaciones democráticas. Las movilizaciones en Chile y Ecuador y el golpe de Estado en Bolivia son los capítulos más recientes –suerte de big bang sincronizado– de una historia con antecedentes en Honduras, Paraguay, Brasil y Perú, y que marca el ritmo de una región atravesada por alzamientos político-militares, golpes blandos, crisis económicas, discursos de odio, traiciones palaciegos y fragmentaciones varias, un combo que golpea por izquierda y por derecha aunque encuentra, en su caos, algunos puntos en común. Augusto Taglioni es periodista especializado en política internacional y director del portal Resumen del Sur. En diálogo con Bunker habla de la situación en Bolivia y Chile, la posibilidad de una “Libia latinoamericana”, el futuro del Mercosur y la encrucijada de un Alberto Fernández que deberá navegar entre la gestualidad del Grupo de Puebla y el equilibrio pragmático frente a un contexto continental compleja.

 

¿Existe en todos estos conflictos que atraviesan la región algún punto en común, algo que los una más allá de las diferencias?

Cada proceso tiene su particularidad. En Perú hay un empate de fuerzas entre los partidos democráticos y el fujimorismo, y Martín Vizcarra leyó que no era posible gobernar en esas condiciones. Contaba con consenso social para hacerlo y avanzó. También me parece que busca recuperar la imagen presidencial como liderazgo de un momento crítico, cosa que hace mucho tiempo no pasaba. Chile y Ecuador son reacciones ante sistemas injustos. En el caso chileno un sistema que ya lleva 30 años, mientras que en Ecuador lo que se vive es un proceso de descomposición social que se profundizó con el viraje de Lenin Moreno. El caso boliviano, por su parte, tiene elementos que jugaron, por un lado, en el orden institucional, ante la decisión de Evo de presentarse a pesar de perder el referéndum, lo que dio lugar a un movimiento cívico movilizado, y por el otro lado, en el plano moral y religioso, a partir de la irrupción del ala radicalizada que propone “devolver a Dios al Palacio de Gobierno”, atentando contra la idea de Estado Plurinacional. En Brasil, finalmente, la reacción conservadora se aprovechó de la crisis de los partidos y ahora Bolsonaro hace lo que puede para mantener su coalición con un elemento extra como la liberación de Lula que expresa, entre otras cosas, una fisura dentro del bloque dominante. En este marco, lo que nos une es la necesidad de lidiar con un contexto internacional complejo con cada de commodities que, combinado con los factores internos, configura una región desintegrada, frágil y siempre a punto del estallido. Otra similitud es la relevancia de las fuerzas armadas, ya sea para sostener (Ecuador, Chile y Perú), condicionar y/o vigilar (Brasil) o voltear (Bolivia).

 

¿Cuál te parece que es hoy el principal peligro que atraviesa a la región?

La debilidad de sus democracias, del Estado de Derecho y la posibilidad de una salida conservadora de procesos que no logran poner a las instituciones a responder las demandas de su población.

“Nos une la necesidad de lidiar con un contexto internacional complejo que, combinado con los factores internos, configura una región desintegrada, frágil y siempre a punto del estallido”

¿En el caso de Bolivia, el golpe se puede encuadrar, en un aire de familia, con lo que pasó en Honduras en 2009, en Paraguay en 2012 y en Brasil en 2016, o es algo nuevo?

De los tres ejemplos, se parece más al de Honduras, al ser un golpe tradicional sin la fachada del juicio político. Pero me parece más atinado compararlo con el intento de golpe contra Evo en 2008. Fueron los mismos sectores que se levantaron en Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija con mucha violencia y coquetearon con la secesión. La diferencia en ese entonces fue Unasur, que se convocó de urgencia para impedirlo. Esta vez, la OEA decidió apagar el fuego con nafta.

 

En Bolivia, a diferencia de Chile o Ecuador, no parece ser el eje económico lo que atraviesa esta crisis. ¿Qué la motoriza? ¿Qué actores están en juego en esta situación particular?

Bolivia es el país más estable de la región en términos económicos. El motor del golpe fue el rechazo de la derecha a la postulación de Evo que, ante la agudización de la tensión luego de un sorpresivo informe preliminar de la OEA, decidió radicalizarse e ir por todo. OEA, Comités Cívicos con Luis Fernando Camacho a la cabeza, nucleando fundamentalismo religioso con la tradicional élite blanca y rica de Santa Cruz, los policías amotinados y las Fuerzas Armadas terminaron de dar el tiro de gracia al presidente.

 

¿Ves posible una salida negociada a este conflicto?

Me cuesta pensar que pueda haber una salida negociada desde el momento en que los golpistas amenazan con ilegalizar al MAS. En Bolivia hay un empate catastrófico. Tenés, por un lado, los Comités Cívicos de las regiones más acaudaladas, que han logrado poner a su favor a las policías, las Fuerzas Armadas y a un sector de la comunidad internacional que apoya el sostenimiento ilegal de la presidencia interina de Añez. Y por otro lado tenés una fuerza popular bastante organizada en el Alto, en la Federación de los Trópicos, a partir de las organizaciones sindicales y la base social histórica del gobierno de Evo. Por supuesto hay una cancha inclinada desde el punto de vista de quién controla las armas pero la correlación de fuerzas hoy muestra un empate catastrófico.

Foto: EFE

¿Hay manera de resolverlo en favor del MAS y las organizaciones indígenas y sindicales?

La única posibilidad de torcer eso hoy, creo, es que haya una interna en las Fuerzas Armadas. El MAS tuvo una jugada bastante inteligente al restablecer la directiva de las cámaras de Diputados y de Senadores, de las que ostenta mayoría propia, y logró, al menos, exponer el grado de inconstitucionalidad de Añez. Pero la única salida que veo, al menos hoy, es la posibilidad de que algún sector más moderado de los golpistas quiera entrar en un diálogo con el MAS para la convocatoria a elecciones.

 

¿Es viable esa alternativa?

Es difícil. Por un lado siento que no hay posibilidad de un acuerdo, pero por el otro hay sectores del MAS que dicen “Bueno, pacifiquemos esto, y en todo caso vamos a las urnas”. Hoy lo único que puede negociarse, me parece, es un proceso electoral que aparentemente no va a incluir a Evo y que tendría que garantizar ciertas condiciones. Pero al mismo tiempo no descarto que se rechace en el parlamento la renuncia de Evo y eso haga que una coalición que no es compacta, como la de los golpistas, entre en un escenario de debilidad interna. Y que si a eso se le suma un cambio en la postura de las Fuerzas Armadas, se termine por producir una suerte de “operativo clamor”. Pero todavía es apresurado analizarlo con certeza.

 

¿Puede convertirse Bolivia en una suerte de “Libia latinoamericana”, como sugirió Putin?

En Bolivia hay un vacío de poder porque no se están respetando los procedimientos que establece la Constitución para conformar un gobierno interino. El interinato es legal en tanto sesione la Asamblea Plurinacional, se voten directivas en las dos cámaras, se acepten las renuncias y se convoque a elecciones en un plazo de 90 días. Por los caminos institucionales la persona que tiene que hacer eso se llama Eva Copa [presidenta de la cámara de Senadores] y no Jeanine Añez, cuya proclamación se realizó en una asamblea vacía, sin quórum y con una dudosa legalidad. Frente a eso, la posibilidad de una guerra civil entre el sector indígena y el sector blanco puede derivar, sí, en un Estado fallido que lo acerque a esta idea de la Libia latinoamericana. Me parece que ese riesgo, lamentablemente, está latente.

“La posibilidad de una guerra civil en Bolivia puede derivar en un Estado fallido que lo acerque a una Libia latinoamericana”

A diferencia de Evo, Maduro con un conflicto más largo, con una economía en crisis absoluta, continúa en el poder. ¿Es solo por una correlación de fuerzas, porque el gobierno dispone todavía de la lealtad de las Fuerzas Armadas?

El rol de las Fuerzas Armadas fue un proyecto estratégico de Chávez luego del golpe de 2002. Desde entonces, son la base de sustento del gobierno. Maduro resiste por eso y porque tiene una oposición funcional que lo hace crecer en la medida en que se radicaliza. Por más presión que reciba, nunca lograron torcer el escenario en su contra. Otro elemento es la enorme gama de intereses que tienen China y Rusia.

 

En Chile se negocia una reforma constitucional. ¿Alcanza para calmar las protestas?

A esta altura, nada puede calmar las protestas. La reforma de la Constitución es una demanda contundente pero es erróneo pensar que la política lo organizará de arriba para abajo, mucho menos si tenés a los carabineros reprimiendo. El nivel de organización alcanzado por el pueblo chileno es fenomenal y las reformas que vengan tendrán que contemplar esa realidad. Un segundo paso es lograr que la política deja de correr de atrás para poder canalizar las demandas en una propuesta programática electoral. Este es un desafío en especial para el progresismo.

Foto: Presidencia México

¿Qué futuro le vislumbrás al Mercosur en este contexto?

Creo que habrá continuidad en el estancamiento que venimos arrastrando desde 2015/2016. Y espero que Brasil no logre traccionar a Paraguay y Uruguay (si pierde el Frente Amplio) en contra de Argentina. Alberto Fernández deberá ser inteligente y consensuar.

 

¿De qué manera creés que afecta y condiciona esta situación continental al gobierno de Alberto Fernández?

Creo que el contexto es muy desfavorable y va a obligar a Alberto a ser pragmático y construir alianzas sensatas con aquellos sectores que no responden a su mismo proyecto político pero que pueden establecer, por lo menos, una coincidencia en valores democráticos. Difícil que pueda haber un vínculo con el Ecuador de Lenin Moreno, con Colombia y, por supuesto, con el Brasil de Bolsonaro. Te queda Uruguay y Paraguay, al interior de Mercosur, y después tratar de construir alguna línea con el eje Pacífico que pueda plantear algunas pautas de convivencia en la región. En la medida en que no haya una estructura regional legitimada para intervenir en los conflictos, ante el papelón y la irresponsabilidad absoluta de la OEA, el escenario es complicado.

 

¿México puede tener algún rol?

El punto de apoyo con México es importante y hay un nivel de coincidencias que se van a expresar en algunas cuestiones puntuales. Hay una intención de repotenciar el comercio. Pero me parece que eso es todavía bastante incipiente y habrá que darle tiempo, más que nada teniendo en cuenta que AMLO pone más énfasis en su proyecto local, en su “cuarta transformación”, que en una lógica de proyecto regional estratégico, como el que tenía Lula en 2002 o el propio Chávez.

“Creo que el contexto es muy desfavorable y va a obligar a Alberto a ser pragmático y construir alianzas sensatas con sectores que no responden a su mismo proyecto político pero que pueden establecer, por lo menos, una coincidencia en valores democráticos”

¿El Grupo de Puebla puede ser un contrapeso político?

Puede ser útil en términos de construcción de línea programática para el progresismo. Pero no me parece que sea un contrapeso para lo que sería el Grupo de Lima, por ejemplo, que reúne gobiernos que se juntaron ante una postura determinada frente a la crisis en Venezuela. El Grupo de Puebla reúne individuos, gente con cierto prestigio intelectual y político, pero que carecen de institucionalidad como para ser un contrapeso. Tampoco es parecido al Foro de Sao Paulo, que articula partidos políticos y organizaciones sociales.

 

¿No puede ser perjudicial para Alberto Fernández siendo que es el único integrante con responsabilidades ejecutivas?

Puede ser perjudicial porque la línea ideológica del Grupo de Puebla puede llegar a ser demasiado rupturista en un contexto en el cual Alberto tiene que hacer equilibrio en una región muy complicada: equilibrio en la relación con Estados Unidos, con Brasil, con Paraguay, con Uruguay si el Frente Amplio pierde. El Grupo de Puebla es un espacio del que indefectiblemente Alberto va a tener que tomar distancia una vez que asuma la presidencia para poder lidiar con todos los inconvenientes que se puedan llegar a suscitar. Puede haber representación del gobierno, sí, pero me parece que no tiene que ser él la cara visible. En el Mercosur lo que tenés que evitar es que haya una alianza liderada por Bolsonaro contra Argentina. Está bien que Alberto tenga un lugar de pertenencia pero me parece que tiene que tomar distancia para poder construir vínculos con otros sectores.

 

Foto de portada: EFE

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Last modified: 19 noviembre, 2019

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