Diario de la inercia peronista

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“El peronismo es el rizoma argentino” escribió el poeta Alejandro Rubio en su Autobiografía podrida. La idea de un organismo arborescente, que puede cruzar de lado a lado un territorio y devenir un monstruo grande que pisa fuerte y representa todo es tal vez la gran virtud maldita del peronismo, aquello que lo define al mismo tiempo que lo vuelve indefinible. Ese todo, sin embargo, parece hoy fisurado en medio de un paisaje donde el peronismo se fragmenta y se binariza. K, no K, de los pobres, de la clase media, progre, bolsonarizado, todos los peronismos parecen descansar hoy en su pequeña –o gran– cuota de representación mientras los hashtags braman una ya cansina y casi burocrática canción de unidad. Para Luciano Chiconi –tal vez uno de los analistas más finos y “rizomáticos” del peronismo– una de las claves para entender el momento está en la inercia a la que se entregó un peronismo que quedó “sobreestatizado” tras la experiencia kirchnerista y hoy boquea entre la falta de un manual para hacer política en el llano y las limitaciones de una dirigencia que tiene que salir a buscar traductores para hablar los lenguajes de la pobreza o el territorio. En la primera entrega de una serie de charlas para proyectar el escenario político de 2019, Chiconi habla de la interna, del peso de la correlación de fuerzas, del problema del liderazgo, de la posibilidad de que el peronismo, finalmente, ya no represente todo y de por qué cree que el Estado al mismo tiempo que te da también te quita.

 

¿Lo ves al peronismo “unido” en 2019 o nacionalizando el escenario bonaerense de 2017, es decir, embarcado más en una interna que en la suma de nuevas voluntades?

Lo veo más así, porque es un poco lo que está pasando. Hoy el término “unidad” está remanido, más por obra de los dirigentes que por las expectativas de la sociedad. No queda tan claro que ese sea el formato estricto en base al cual la sociedad volvería a votar al peronismo. Me parece que “unidad” es más el santo y seña de la dirigencia que va a terminar yendo al pie de Cristina en una negociación, que una discusión franca de todos los sectores del peronismo.

 

Una contraseña para ser aceptado.

Es una necesidad de todos los sectores, que no excluye a Cristina. Pero me parece que, más allá del término y la discusión, esto hay que pensarlo en una correlación de fuerzas: cuánto tiene Cristina, cuánto los otros peronistas. La discusión final de armados de espacios se encarrila con eso y no con la buena voluntad del conjunto dirigente. En la Renovación de los 80 no había ningún electorable: ni Grosso ni De la Sota ganaban. El peronismo estaba muerto. Entonces todos se podían sentar a discutir política, a repensar y a construir un esquema de representación para la toma del poder. Ahora, como hay pequeñas electorabilidades –la de Cristina como una primera minoría y la de otros dirigentes que pueden tener menos que ella pero que no renuncian a eso–, vivimos un proceso que se ordena en base a eso, no a partir de una discusión política.

 

Ahora, si hay opciones del peronismo con distintas electorabilidades, ¿no pasa a ser negocio justamente eso: mantener ese nivel de electorabilidad antes que suturar las grietas propias de la sociedad?

Sí, prevalece eso también por limitaciones de la propia dirigencia. ¿Cuál es el problema de Unidad Ciudadana? Que ya no puede interpelar a un sector del electorado, ellos lo tienen claro. Saben donde pueden sumar y mantener votos, y donde no acceden, y entonces la táctica es otra. El cristinismo cree que es conveniente que la clase media que no los vota se harte de Macri, entonces cuanto peor mejor, pero no por una cuestión de inestabilidad política sino porque los van a volver a votar aunque no los quieren. Eso tarde o temprano termina en una vuelta al stress con la clase media. Hablé con dirigentes y militantes que te dicen: “la verdad es que si Cristina es la candidata y gana, en un año hay problemas”. ¿Por qué? Porque vas a volver a estresar a un sector de clase media que por ahí te votó pero persiste en ciertas refriegas. Y eso, en cuanto le des rodaje a tu política, va a volver.

 

¿Y el peronismo no kirchnerista qué lugar ocupa en ese escenario?

Ahí lo que tenés es quizás una hiper racionalidad del escenario político pero que no se correlaciona con lo que el electorado está preparado todavía para votar. Ellos dicen: “con Cristina no porque no puede representar a un sector de la clase media, media baja”. Perfecto, ellos representan algo de eso. Ahora, ¿pueden representar al conjunto hoy? No. Ahí se corta eso.

 

¿Por qué pasa eso?

Porque el kirchnerismo gobernó doce años. Eso tiene una inercia, no se termina rápido. Yo comparo mucho a este momento de Cristina con Menem 2003. Menem ganó la elección, con 24% pero la ganó. E hizo un gobierno, se supone, no distribucionista. Sin embargo, como gobernó un proceso estable, tuvo una memoria política que quedó en una gran parte de la sociedad. ¿Por qué al kirchnerismo no le va a pasar lo mismo? De hecho le pasa. Y le puede pasar con un porcentaje de votos más alto. Ahora, ¿eso te permite ganar una elección hoy? O, más que ganar una elección que por ahí te lo permite, ¿te permite construir una nueva hegemonía, acorde a lo que el peronismo puede representar para distintos sectores de la sociedad? Y ser estable en el tiempo, que es el gran mérito del peronismo. No ganar una elección: proponer un proyecto y seguir en ese camino, durar ocho, doce años..

“Me parece que “unidad” es más el santo y seña de la dirigencia que va a terminar yendo al pie de Cristina en una negociación, que una discusión franca de todos los sectores del peronismo”

¿Es un problema de falta de pensamiento estratégico?

No, hay una hiper racionalidad en la cual se ve ese escenario pero no tenés la materia prima para corporizarlo. ¿Qué más quisiera el peronismo no kirchnerista que tener un candidato que sintetice todo eso? Por ahí la que sintetiza es Vidal pero no está en tu espacio. Vidal no representa en la Provincia lo mismo que Macri en la Nación. Hay un catch-all más grande, aun con una gestión en la que no hizo gran cosa. Y eso se superpone un poco con lo que representaba el peronismo históricamente en la provincia de Buenos Aires. Una parte, no todo.

 

¿Vidal le disputa representación al peronismo bonaerense?

Hoy hay una fragmentación de la representación abajo y una parte de eso se lo llevó Cambiemos. ¿Cómo se resolvía eso antes? ¿Cuál era el pensamiento peronista de 2001 para acá? “Esto lo resolvemos nosotros”. Pierde un peronista pero gana otro atrás. El famoso subsistema peronista que había quedado indemne después de la crisis de partidos de 2001. Ahora hay un quiebre ahí también. Entonces Cambiemos arma una constelación no peronista, medianamente sólida, y te genera un problema de representación, porque te roba una parte. Por eso digo que no es un problema de la incapacidad de los dirigentes para leer ese escenario sino la imposibilidad de materializarlo, porque hay otros poderes que están pujando ahí. ¿Cómo se resuelve esto? Bueno, por ahí es un proceso más largo.

 

¿El poder, la propia gestión del Estado no lo encerró también al peronismo en esa inercia?

El Estado te da y te quita. Los planes de vivienda en la etapa de Duhalde los hacían los municipios, con Kirchner los hacía la Nación. De Vido bajaba y te decía: “se hace así”. Y esa era una discusión que se hacía con el barrio, con el intendente, con las organizaciones sociales preexistentes. Después llegó el Estado y con eso llegó el “no hay más corrupción, no hay más intermediarios”, pero también llegó una semántica. El Estado te dice cómo hacer. A lo largo del kirchnerismo creo que hubo una excesiva estatalización de la función pública del peronismo. El peronismo se sobreestatalizó.

 

¿Qué implicó eso?

Lo que el Estado no resolvía no lo resolvía nadie. Los nuevos problemas de la pobreza, el narcotráfico, la vida cotidiana que se origina en torno a eso, como no se abordó en su momento, quedó vacante. No hubo un manual de política territorial que dijera “bueno, muchachos, esto se resuelve así” como se resolvían en otro momento cuestiones como la vivienda o la toma de tierras cuando llega la democracia. Duhalde, que era el intendente de Lomas, largaba la piola cuando el gobernador era Armendáriz pero cuando gana Menem dice “bueno, ahora no me vengas a correr las tierras a mí, ahora lo manejo yo”. El famoso Partido del Orden. El peronismo siempre tuvo esa pendularidad interna. Con la Resistencia y después con Vandor, siempre funcionó así. Esas cosas cambiaron. Por eso el Estado te da y te quita. Te da más institucionalidad en ciertos niveles, pero te quita la capacidad de enfrentar una crisis, cuando ya no hay manual de gestión o cuando no sos gobierno.

 

Es una crisis del peronismo como Partido del Orden.

La excesiva estatalización lo que hace es que hoy una figura como Juan Grabois sea un poco el traductor de los pobres para los dirigentes políticos. Como no saben qué pasa con los pobres, le tienen que preguntar a él, que es la palabra santa, valga el adjetivo, en este tema. Antes había cuestiones que se resolvían más desde los territorios o desde los políticos. Hoy el político necesita ponerle el voto de confianza a un Grabois, no puede discutir en igualdad de condiciones, ni imponer una agenda. Parte de ser el Partido del Orden es decirle a Grabois: “esto que hacés está bien, pero cuando decís que si hay chicos que marchan a Buenos Aires y hacen quilombo está bien porque tienen una realidad social muy pobre y no lo saben canalizar, yo te tengo que decir que estás equivocado”. Porque un dirigente tiene que canalizar eso. ¿Si mañana tenés un cargo público vas a reproducir ese discurso? El peronismo no puede darse ese lujo. Construyamos la organización popular y la institucionalidad para canalizar eso, no para que funcione como una carta de estallido. Ese lujo se lo pueden dar otros partidos, no el peronismo.

“La excesiva estatalización lo que hace es que hoy una figura como Juan Grabois sea un poco el traductor de los pobres para los dirigentes políticos. Como no saben qué pasa con los pobres, le tienen que preguntar a él”

El kirchnerismo pensó que resolvía el problema de la pobreza con una ventanilla estatal, más cercana, sin intermediarios. Hoy la ministra Stanley otorga más planes sociales que los que daba cuantitativamente el kirchnerismo y hay más pobreza. ¿Qué falta ahí entonces?

Crear política. ¿Cómo? Daniel Arroyo hablaba de 20 mil tutores que necesita la Provincia. Yo te digo: necesitás potenciar el plan Envión. Ese plan tiene monitoreo territorial, algo que no tenés con la AUH, ni con las pensiones. El tipo cobró en el banco, se fue a la casa y no sabés qué pasó. Con un monitoreo vos tenés un pibe ahí cerca que te cuenta: “che, hoy no fui al colegio porque mi viejo me cagó a palos”. Eso es lo que no potenció Vidal. El plan lo ideó en 2005 [Baldomero] Cacho Álvarez para las zonas pobres de Avellaneda. Después cuando va como ministro de Scioli le da una escala provincial pero sin un presupuesto acorde. Álvarez se va, Scioli lo congela y con Vidal naufraga también. ¿El peronismo está discutiendo estas cosas? No, porque la mitad de los dirigentes no sabe qué es el Envión, no les interesa. Esa es la discusión que quizás se debería tener mano a mano con Grabois, y no dejar que él diga “vamos para acá, vamos para allá”. Decirle, “bueno, vamos por acá en esto pero vos tenés pibes en el barrio, mandámelos a un plan del Estado que yo voy a trabajar otra parte”. Todas esas discusiones por ahora no están.

 

¿Cuál creés que es hoy el principal problema del peronismo: un problema de liderazgo o de una base social fragmentada, como dice Rodrigo Zarazaga?

La base social hoy está más disociada que fragmentada. Te doy un ejemplo: tenés un camionero que tiene un pibe, lo manda a un colegio privado, paga una cuota, y tenés a un tipo que gana por ahí lo mismo, comerciante, lo manda al mismo colegio, no está peleado con ese camionero, pero no se lo banca a Moyano. “No, este negro afana”. ¿Qué pasa ahí? Sí, hay un problema de la sociedad. Pero la política no resolvió eso. No se sintetizó todavía desde un liderazgo cómo reconvertir y volver a soldar esa fragmentación. ¿El cristinismo va en esa línea? Me parece que no. Es más el “vos, que no me votaste, ahora te das cuenta que me tenías que votar a mi, votame, boludo”.

 

No deja de haber agresividad.

Claro. Un periodista cristinista me decía hace poco: ¿al final la clase media no termina siempre así con el peronismo? Y yo le digo: sí, puede ser, pero el que primero sabe eso es el peronismo. Cuando se terminó se terminó para esa representación. ¿El peronismo qué va a decir? ¿Soy el partido de los pobres? ¿No lo dijo Perón nunca, lo vamos a decir ahora? Quizás hubo un cambio y el cristinismo tiene razón y dice: “no, ahora el peronismo es esto, es el partido de los pobres, por la polarización, porque la sociedad está fragmentada”. Ahora, yo creo que eso, aun cuando pueda triunfar, el problema lo estás viendo hoy. ¿Cambiemos con ese formato está resolviendo los problemas? No. Paulatinamente vas a un escenario más podrido. Acá un Bolsonaro no te aparece pero no tires de la piola, porque en la medida que renunciás a ciertas representaciones, eso lo cosecha otro.

 

No un Bolsonaro, ¿pero no hay una cierta “bolsonarización” de parte de sectores de la política? Uno lo ve a Pichetto, ensayando esa discursividad de tipo duro, de liderazgo fuerte…

Si Pichetto la “bolsonarea” es que un camino medianamente fértil para eso debe haber.

 

¿Y ahí no aparece el problema del hiper realismo que tiene el peronismo en general?

Claro, pero lo que digo es que como hay un montón de representaciones medio boyando, esta es una opción. Me parece que es imposible que ningún político muerda un poquito de ahí en este momento. ¿Con eso gano una elección? Probablemente no, la Argentina no es Brasil. Ahora, ahí hay un campo fértil, aunque no nos guste. El tipo que quiere representar a un todo dice: “¿y a estos por qué no?

“Acá un Bolsonaro no te aparece pero no tires de la piola, porque en la medida que renunciás a ciertas representaciones, eso lo cosecha otro”

En Trump, en Bolsonaro, hay detrás una demanda de orden, de estabilidad. ¿Sería inverosímil que el peronismo represente esa demanda en Argentina?

Son temáticas vacantes. El PRO aborda parte de eso con el discurso de Bullrich, pero no va al fondo, porque no quieren pagar costos políticos tan altos. Si alguien tiene que hacer eso, prefiero que un tipo como Pichetto lo absorba. El tema es que si ese va a ser su discurso está equivocado, no puede hegemonizarlo con esos temas. Ahora bien, sería muy ingenuo plantear que el peronismo no absorba parte de esos temas. Si te reunís veinte minutos con un intendente del conurbano de los que te cantan por Cristina, a las tres preguntas te dice que hay que bajar la edad de imputabilidad. Esa cosa de que se necesita un orden para gobernar, y esos temas no me los muevas mucho porque después tengo que salir a la calle y hablar con todo el mundo… ¿Es medio mezquino esto? Y si. Pero también hay que pensar el tipo de sociedad con la que trabajan, donde estas complicaciones las tenés. ¿Para quién va a ser el discurso? ¿Para los pobres, la clase media? Hoy tenemos liderazgos de transición. Massa tuvo que pasar una transición, que es intentar ir al poder y no lograrlo. Cristina también, que es salir del poder. Randazzo ir a una elección y perderla, Urtubey terminar como gobernador de Salta y tener que ir a una situación nacional que no sabe cómo le va a ir porque no conoce. ¿Quién puede sintetizar eso?

 

¿En esa transición qué lugar le ves a los intendentes del conurbano?

Creo que en esta etapa no están para digitar la agenda nacional del peronismo, están para otra cosa. Y se está viendo. Están para jugar defensivamente, no para decirle a Uñac, o Cristina, o Urtubey “che, vengan acá porque..”. Cuando Espinoza y Magario dicen algo así deben poner una cara como diciendo: ¿”y para qué? ¿Para qué voy a ir ahí?” Esos tipos no disciplinan la ecuación nacional del peronismo ni los gobernadores la de la provincia de Buenos Aires. Hoy está todo balcanizado y nadie resuelve la situación por arriba.

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Last modified: 8 noviembre, 2018

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