El ajuste de mercado y el fin del sueño obamista

Para Ignacio Fidanza el pentatlón cambiario que llevó el dólar a 25, la tasa de interés a 40 y las metas inflacionarias al Valhalla del monetarismo significó, entre otras cuestiones, el fin del gradualismo. Sentado en la semipenumbra de un bar de Palermo Caracas, el fundador y director de La Política Online intenta dibujar en el aire el contorno de un programa que, asegura, ni el mundo financiero, ni el gobierno, ni nadie entendió nunca en estos dos años y medio de cambio, pero que, sin embargo, para algunos fue demasiado y para otros muy poco. En medio del regreso del FMI, el empoderamiento de Nicolás Dujovne y la tranquilidad que precede a la próxima tormenta de lebacs, Fidanza dice que la crisis mostró al gobierno como un rey desnudo, descree del “gran acuerdo nacional”, subraya la novedad de un Macri que prefirió escuchar a Caputo y no a una Lilita en fase “alfonsin-kirchnerista”, especula con la oportunidad del peronismo “de centro” de conquistar a una clase media seducida y abandonada, y asegura que la mano invisible del mercado pinchó el globo obamista de un Cambiemos que se soñó socialdemócrata y se descubrió como un “híbrido entre Menem y la Alianza”.

 

Había una idea, reforzada por el triunfo electoral de 2017 en medio de un paisaje económico negativo, de que Cambiemos resultó ser más hábil política que económicamente, a la inversa de lo que algunos presuponían en 2015. ¿Creés que sigue en pie esa idea o el gobierno tiene problemas tanto económicos como políticos?

Creo que tiene de los dos y siempre los tuvo. Se confundió éxito electoral con construcción política sólida. Nosotros tenemos una tendencia a ser muy exitistas y mirar todo en un plazo extremadamente corto. Y los procesos políticos y económicos tienen sus tiempos. La decadencia de Cristina fue larga. Terminamos con recesión, inflación alta, cepo. Y con Macri es lo mismo. “Si no se cae, ganó, es un éxito, es la nueva derecha, el nuevo orden”. No, esperá un poco. Mirémoslo con un poco de perspectiva.

 

No apresurar el balance.

Lo interesante de esta corrida es que le explotó la construcción política y el diseño económico, dos caras de lo mismo. Macri no quiso tener ni una coalición ni un gabinete de verdad. No quiso compartir el poder ni con sus ministros entonces hípercentralizó bajo la forma de la descentralización. Seis ministros de economía es como no tener ninguno, lo que afectó al proceso económico porque tenías que tomar decisiones fuertes, rápidas y coordinadas. Él centralizó todo en Marcos Peña, a quien, como no tiene experiencia de gestión, le tuvieron que poner dos muletas, Quintana y Lopetegui. Que a su vez no son gente con experiencia, ni fogueada en el manejo macroeconómico. Todo ese diseño se hizo para sostener algo que ellos llamaron “gradualismo” y que nunca lograron explicar bien, sobre todo a los mercados. Porque si el “gradualismo” es una reducción gradual del déficit, en los primeros dos años y medio el déficit global aumentó. Ellos muestran el déficit primario, pero si sumás el pago de intereses, el global aumentó respecto a lo que dejó Cristina.

 

¿Cambiemos agudizó los problemas que venía a resolver?

Hablemos de números. El año puede terminar, en el mejor de los casos, con 30% de inflación. Con una tasa del 40%. Con una economía que tenía como único diferencial positivo el crecimiento y hoy está tendiendo a 1, que es nada. Y con un poder adquisitivo golpeado, porque le trasladaste todo el impacto de las tarifas. ¿Y qué queda como saldo? Bueno, pagás más en obra pública, que ahora también entra en crisis por el ajuste. Entonces el saldo, a dos años y medio, en términos macroeconómicos, claramente no es mejor. Y en términos sociales es complejo. En esta crisis eclosionó todo, porque Macri se encontró –y esto para mí es lo más divertido– con un actor al que no lo penetra el marketing, que es el mercado. Que no le importa Marcos Peña, Quintana, Macri o Durán Barba. Vieron inconsistencias y fueron para adelante.

 

Se recordó por estos días un viejo tweet de Lucas Llach, que decía que esperaba que Macri traicionase a su clase como Teddy Roosevelt, y se lo invirtió diciendo que, al final, fue la clase la que traicionó a Macri. ¿Compartís esa idea?

Para nada. Llach a veces trata de ser transgresor y provocativo, y termina diciendo cosas que no tienen sentido. Acá lo que pasó es que funcionó el mercado. Y a la política le cuesta mucho entenderlo. Lo que ocurrió fue un ajuste operado por el mercado. Miran números, situaciones, oportunidades de negocios. No tiene que ver con una traición de clase. Tiene que ver con que detectan inconsistencias en el modelo y serias dificultades para tener un entorno de negocios más atractivo. Si acá en vez de 30% de inflación, hubiera 15, y si en vez de 6 puntos de déficit tuviéramos 3, esto sería un boom y todos dirían “¡Cómo se alineó el establishment atrás de Macri!”. Y en realidad se alinea detrás de sus propios intereses. Macri tuvo el respaldo del establishment, y creo que todavía lo tiene. Deteriorado, porque perdió respeto y autoridad, pero lo tiene. Ahora, lo que no podés es obligar a un empresario a que te haga una inversión en estas condiciones.

 

Da la impresión de que esta crisis, en cierto punto, reveló al gobierno como un rey desnudo.

Sí, quedaron al desnudo las inconsistencias políticas y económicas. Más allá de eso, me parece que la respuesta del gobierno es más de lo mismo. Hizo el simulacro de ajuste estos dos años y medio, y ahora va a hacer el simulacro de la apertura política, que mantiene todo el esquema de poder interno que lo llevó hasta acá.

 

¿No creés en el “gran acuerdo nacional”?

No. Para mí es más marketing. No lo inventó Macri. Cristina, cuando pierde aquella elección de medio término [en 2009], convocó también a un gran acuerdo nacional, con empresarios y demás. Pero en cuanto sintió que había pasado la zona de peligro, eso quedó en la nada. Me parece que esto es más de lo mismo.

 

Una “Moncloa de emergencia”, como la llamaste.

Se asustaron y dijeron “hagamos lo que nos dijeron que había que hacer para evitar esta situación”. Profundizar el ajuste, generar consenso político con la oposición para tener espalda para enfrentar esa profundización del ajuste y abrir el juego interno para no estar tan aislados y cometer tantos errores. La receta básica de Monzó al principio del gobierno. Creo que con la misma velocidad, cuando se les pase el susto, van a ir desarmando eso. Después hay un componente en toda esta crisis muy personal, que es el altísimo nivel de capricho de Macri. En eso tiene muchos puntos de contacto con Cristina. Esta cosa de que todo el mundo te dice algo, que ve que está mal, y tu reacción es “entonces lo hago dos veces más eso”.

 

Ahí aparece el mentado “círculo rojo” como un enemigo permanente.

Al final del día sos presidente, ¡qué importa si te lo dice el círculo rojo! Lo interesante es ver si tiene algún viso de realidad lo que te están diciendo, si puede llevar a una mejor comprensión del momento. No, lo que prevalece es “me lo quiere imponer el círculo rojo, entonces les voy a ganar esta pulseada”. Ahí hay una confusión respecto a lo que es gobernar un país como la Argentina.

“Macri se encontró –y esto para mí es lo más divertido– con un actor al que no lo penetra el marketing, que es el mercado. Que no le importa Marcos Peña, Quintana, Macri o Durán Barba. Vieron inconsistencias y fueron para adelante”

Parece una “pesada herencia” del kirchnerismo, la idea de la amenaza permanente de inestabilidad.

Algo que viene de Alfonsín. No casualmente Cristina lo admiraba, y ahora buena parte del macrismo. Alfonsín fue el primer gradualista, y terminó con una crisis económica con acusaciones de conspiración del establishment. Es bastante sintomático que, ante esta corrida, el reflejo del ala radical de Cambiemos, más Lilita, fue decir “esto es lo que le hicieron a Alfonsín”. Ahora, yo hago una diferencia, y esto es lo interesante de Macri: la resolución de esta crisis fue en términos de mercado. Y la piloteó un tipo del mercado como es Caputo, que nunca compró el discurso de que esto es un golpe del mercado, la UIA, Trump. Nada. En eso sí fueron muy distintos a Cristina, y creo que lo van a terminar capitalizando.

 

¿Macri entendió qué pasaba?

Él es parte de ese mundo. Dijo “esto lo tengo que resolver con las reglas de juego de ese mundo. Que yo me ponga a gritar en la Plaza de Mayo que es un golpe de mercado no lo va a arreglar. Tal vez lo agrave”. Entonces lo que hubo es un diseño de política financiera para enfrentar una corrida cambiaria, que al final del día le funcionó. Para mí es un salto de gestión. Si tu modelo es internacionalizado y conectado a los mercados, tiene determinadas reglas de juego, y también este tipo de situaciones. Tenés que lidiar con eso. Hubo un reflejo, sobre todo en el ala radical del gobierno, de decir “ponemos retenciones, hacemos la lista de los tipos que compraron dólares y los sacaron, los escrachamos y les mandamos la AFIP”. De hecho, Lilita lo ha dicho.

 

Se asegura que esta crisis envalentonó al peronismo. En ese sentido dijiste que 2019 va a tener un escenario similar al de 2015: tres tercios y ballotage entre Macri y alguno de los peronismos. ¿No es un poco apresurado hablar de eso hoy?

Sí, claro. Pero es nuestro laburo, tomar fotos de situaciones y decir “hoy pasa esto”. Hablar de un año en la Argentina es como hablar de dos siglos en un país europeo. Hace quince días esta corrida nadie se la imaginaba. Pero la tendencia es esa. ¿Cuál es el efecto de esta desilusión que hay con la gestión de Macri? Que una parte importante de votantes, que no era su núcleo duro, vuelve a una situación de indecisión, pero desilusionado con Macri. El segundo efecto es que ese votante, mucho más proclive a ir hacia una expresión de peronismo de centro –si está bien construida– que hacia Cristina, configure un escenario de tercios donde probablemente Cambiemos sea la primera minoría. Si vas a una elección hoy lo más probable es que tengas un ballotage Macri-Cristina, que ya podemos imaginar el resultado. Pero lo que entusiasma a ese peronismo es que tienen la posibilidad de construir. ¿Cuál sería la jugada previsible del gobierno? Tratar de dividir ese espacio peronista de centro para que no sea un escenario de tercios, sino de cuatro fórmulas.

 

Nacionalizar su estrategia bonaerense del año pasado.

Exacto. Inventar un Randazzo. Agarrarlo a Urtubey, a Massa, y decirle “armá una candidatura nacional que rompa con el armado de los gobernadores, nosotros te apoyamos”. Porque si ellos van al segundo lugar, donde hoy está Cristina, las chances de ser gobierno crecen exponencialmente.

 

¿En un potencial ballotage migran votos de Cristina?

Migran votos de Macri. El voto de Cristina no migra.

 

Si el desencanto hacia el macrismo genera espacios para abrir críticas, ¿no debería este peronismo “de centro” modificar su perfil de oposición racional, o dialoguista, para llegar a ese segundo puesto?

Se han endurecido. Han ensayado con mucha dificultad un camino que empieza a dar resultados, un discurso muy trabajoso que es no pararse como el antisistema de Macri, como el kirchnerismo. Les costó mucho que la gente perciba la diferencia, antes o estabas a favor o en contra. “Estamos dentro del sistema pero este proyecto está fallando desde el costado económico”, dicen. Creo que ellos se van a afianzar en eso, en la crítica económica desde dentro del sistema, donde van a combinar dos aspectos: la impericia política y de gestión, de mal manejo del poder del gobierno, con la desaprensión hacia el costado más productivo de clase media de la Argentina (la industria, las PyMEs, los trabajadores). Lo que van a buscar es poner en crisis a la parte volátil del electorado del gobierno.

 

Pero el macrismo también le puede poner en crisis el electorado a este peronismo. Hay una batalla, en cierto sentido, en pie de igualdad.

El macrismo lo hizo con éxito, por eso son gobierno. Lo que ahora estamos viendo es la vuelta de eso, por el impacto de ser gobierno y de una gestión poco eficaz. Ahí para mí está hoy la discusión central de la política en la Argentina. El macrismo te va a decir “la discusión central es nosotros contra Cristina. Nosotros contra el populismo”. Y este sector del peronismo va a tratar de meterse en el medio de esa polarización. Ese es el desafío más grande que tiene Macri hoy. Si esto fuera una completa catástrofe y explotara por el aire, ahí sí lo de Cristina puede tomar vuelo. Hoy está muy contenido, circunscripto a lo que ya tienen.

“Ser un gobierno socialdemócrata era una fantasía. Y ahora que las papas queman se ve”      

Esa postura de tabique contra el populismo es la postura del “marcospeñismo”. A partir de los cambios de estos días, ¿se puede pensar en un cambio de estrategia en el gobierno o el “marcospeñismo” vuelve a erigirse como el núcleo inconmovible del macrismo?

Acá el problema es que se trasladó la lógica electoral a la gestión de gobierno. Hasta aquí el pensamiento electoral de Marcos Peña es el que se impuso al pensamiento de una gestión de gobierno que dice “del 2019 hablame el año que viene. Yo tengo que acomodar este país. Y si nos tenemos que ir, mejor que nos sucedan tipos que piensan más o menos parecido”. Ahora hacen el simulacro porque vieron el precipicio pero creo que sigue prevaleciendo la visión, si querés, más egoísta de Marcos Peña, de priorizar el propio beneficio político por sobre la construcción de un sistema político más afín a lo que desean para el país. De hecho, todo este grupo de gobernadores que ahora empieza a revivir, más Massa, más Pichetto, la gran factura que tiene con Macri es que durante dos años y medio alimentaron a Cristina porque se sentían cómodos en ese ida y vuelta.

 

Hablaste de cierto apresuramiento en catalogar al macrismo, pero a pesar de eso, ¿cómo definirías política y económicamente a Cambiemos?

Es una pregunta que todavía no tiene una respuesta clara. Creo que es un híbrido, que se vio en la reacción frente a esta corrida, entre un gobierno de centroderecha clásico, como podría ser el de Menem, con la Alianza. Hasta acá esa complejidad le sumaba, y ahora que se chocó con el límite de su incompetencia le empieza a restar. Empieza a prevalecer una tendencia a ser un gobierno de centroderecha, disfrazándolo el mayor tiempo que puedan. Ellos jugaron durante dos años y medio a construir una socialdemocracia con tipos que se supone que son de centroderecha. Y donde los factores de poder económico esperaban una respuesta de centroderecha a un modelo económico que tenía muchos problemas. Y eso fue acumulando capas de ruido y terminó en esta crisis. Ser un gobierno socialdemócrata era una fantasía. Y ahora que las papas queman se ve.

 

El mercado le pinchó la fantasía obamista.

No son eso. La única respuesta posible frente a esta crisis era ésta. ¡Caputo! Más claro, imposible. El mercado puro. Presidente del Deutsche, fondo de inversión. ¿Quién dio la respuesta? Ellos. No la dio Lilita por televisión o Mario Negri con su discurso fantástico en Diputados. No había manera de que viniera del ala que tiene la fantasía de que Macri es un socialdemócrata.–

 

 

Periodismo “old school” y medios nativos digitales
Hablemos de La Política Online. Fundado en 2005, el sitio fue pionero. Comenzó con publicaciones semanales y luego la actualización fue diaria. Luego vino la eclosión de las redes sociales. ¿Los condicionó esto?

No. De hecho, nos subimos bastante tarde a las redes. ¡Nos pasamos años sin actualizar Facebook! Nuestro tráfico no viene mucho por las redes sociales, tenemos mucho tráfico directo. Gente que debe tener a LPO en sus favoritos y entra. También mucho tráfico por buscador.

 

Hay un público fidelizado.

No dependo de la red social. Además estamos viendo un ciclo nuevo de caída, por lo menos en cuanto a influencia o prestigio, de las redes sociales. Fueron varias cosas, ¿no? Lo de Snowden, lo de Cambridge Analytica, fake news, Twitter convertido en la catedral del bullying. Empieza a ser un lugar que vos decís: “Entro acá, me dicen cualquier barbaridad. Me amargo. Me enojo”. Y, de repente, te das cuenta que apagás la red social, no entrás y tu vida sigue alegremente.

 

LPO no depende de las redes. ¿Entonces?

Hacemos un periodismo muy “old school”. Lo único realmente distinto es la plataforma, pero vamos a la fuente, laburamos mucho con el off. Buscamos la información. A veces metemos algún video, algún gráfico interactivo, pero el eje es la información.

 

¿Qué es lo que más tracciona visitas?

La primicia. Ese es nuestro fuerte y apostamos a profundizarlo. Hace un año empezamos a trabajar más las noticias económicas y financieras y tuvimos un salto muy importante cuando dimos la primicia, el día que se frenó la corrida, de que era porque estaba entrando BlackRock y Templeton. Dimos una primicia, te diría, de las más importantes en el mundo financiero de los últimos meses. Ese día los medios nos ningunearon, se lo preguntaron a Caputo en la conferencia de prensa de ese día con vergüenza. Tomaron la información nuestra con desconfianza y se confirmó cien por cien. Dos días después salió en Clarín, La Nación, Ámbito.

 

En el paso del kirchnerismo al macrismo, ¿cuánto cambió la relación, como medio, con el gobierno?

Hubo un cambio del cien por ciento. Entre todas las cosas estúpidas que hizo, el kirchnerismo tiene –ni siquiera cambió– una concepción de relación con la prensa propia del siglo XVIII. Los diálogos tenían que ser secretos. “No me pueden ver hablando con vos. No te puedo dar una entrevista”, decían. Una cosa de persecución interna y una visión muy sobredimensionada del impacto del periodismo. Y un culto al secretismo, que tiene que ver con creer que lo secreto e inaccesible los hace más poderosos e importantes. Eso nunca fue así con Macri, ni cuando era jefe de Gobierno, ni ahora como presidente. Esa es una de las cosas más positivas del cambio de gobierno, que nos asemeja más a un país de los que queremos parecernos.

 

¿Pero existen tensiones?

Obviamente hay tensión, puteadas, hay notas que no te dan, primicias que no te confían. Todo eso ocurre siempre. Acá y en cualquier lugar. Pero no tenés esa mirada tan persecutoria, tan paranoica. Y eso Macri lo tiene mucho más claro que Cristina, para quien el principal problema de su gobierno fueron básicamente Clarín y los medios. Después, Cambiemos tiene un elitismo que nos golpea. Lo puedo entender, pasa en todo el mundo también.

 

¿En qué sentido elitismo?

El presidente y el gabinete dicen: “Estos son los medios importantes. Estos los segundos. Estos los terceros”. Eso pasa. Nosotros lidiamos con eso, lo perforamos, los tipos se dan cuenta. Es más dinámico que nunca.

 

En 2015 fundaste LPO México. ¿Por qué ese país?

Porque México es el mercado hispano más grande de Latinoamérica y tiene una política súper interesante. Tengo un vínculo afectivo con México. Mi viejo fue exiliado, viví seis años y tengo un hermano que vive actualmente allá. Conocía México y a partir de eso empecé a leer sobre su realidad política. Vimos el mapa de medios y había un nicho. Lo interesante es que allá el “círculo rojo” –que es hacia lo que nosotros apuntamos– no tenía un medio tan definido. Ahora lo tienen. Por eso nos está yendo muy bien en México.

 

Había otra clase de medios.

Tenés medios muy prestigiosos, como la revista Nexo, que hacen un análisis más de fondo. Tenés publicaciones muy piolas pero son casi papers, que ponen el eje en la investigación y en la denuncia. Lo que no había era un medio que ponga el eje en la información política.

 

Presidís la Asociación de Periodismo Digital. ¿Se la puede pensar como un grupo de interés creado para que se incluya a los medios digitales en los beneficios a las PyMEs periodísticas?

La Asociación surgió por eso. La discriminación fue la gota que colmó el vaso. Cuando Cristina saca esa ley buena donde dice: “Bajo el IVA a las PyMEs periodísticas porque están explotadas”, sino hubo un lobby, hubo algo bastante parecido. Entraron todos los diarios menos los portales. Entonces dijimos que no sólo ninguna de la asociaciones de prensa tradicionales de la Argentina nos representa, sino que si pueden nos dejan afuera. Por eso creamos la Asociación de Periodismo Digital. Y fue un éxito, logramos que nos incluyan.

 

¿La Asociación quedó en eso?

Acá está pasando algo más estructural. El tema por el cual surgimos como asociación sigue totalmente vigente. Los diarios de papel están perdiendo lectores de manera dramática y están haciendo un esfuerzo por reconvertirse en plataformas digitales. Nosotros, como nativos digitales, no tenemos ese problema. Dentro de cinco años, cuando ADEPA, por decir algo, se transforme en una asociación de portales –porque lo que va a quedar en pie va a ser lo que traccionen los portales–, o nosotros confluimos, o vienen hacia nosotros, o habrá dos asociaciones. Una de los portales de los diarios y otra de los portales nativos digitales. Esa es una discusión que está abierta.

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Last modified: 12 junio, 2018

3 Respuestas a :
El ajuste de mercado y el fin del sueño obamista

  1. Gabriel dice:

    El mejor análisis que he leído sobre la reciente crisis cambiaria y crisis politica-económica. Felicitaciones.

  2. Edmundo Aguiar dice:

    Excelente reflexión sobre “la puta realidad”…

  3. carlos dice:

    – Muy buen analisis, ……

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