La pantalla rosa de las tardes macristas

Mariana Fabbiani y Pamela David son el centro de atención y el modelo mediático de la mujer actual en la televisión. Ellas saben cuándo llamarse a silencio y enfatizar lo necesario o reforzar su opinión sin quebrantar su liderazgo frente a cámara. Sus gestos y sus movimientos son fundamentales a la hora de imponer un discurso de centralidad femenina y una lógica de subjetividad alineada con la política de medios desplegada por Cambiemos.

No es casual que dos programaciones de canales de televisión masivos y con un claro alineamiento –con matices, claro– reproduzcan formatos y apuesten a determinadas figuras, cuyo ascenso resulta sorprendente.

Al igual que Alejandro Fantino, Santiago Del Moro y los respectivos avatares que llevaron a Susana y a Mirtha a imponer estilos, formatos y discursos, Mariana y Pamela consagran el mito neoliberal del progreso autónomo. Ambas provienen de escenarios diferentes y de estratos distintos, pero hay algo que las iguala: no nacieron conductoras e hicieron su camino al andar. Fabbiani comenzó su carrera como modelo publicitaria, luego se desempeñó como actriz y hace más de veinte años que participa en la conducción. David, por su parte, también se inició en el modelaje, pero saltó repentinamente a la fama tras su participación en el reality show “El Bar”, luego se asentó como actriz y vedette y hace más de cinco años que se desempeña al frente de un programa que coquetea entre el espectáculo y el periodismo.

Cada una desde su lugar de enunciación –Canal 13 y América, respectivamente–, amplifican un rol femenino que lejos de ser emancipador, reproduce aquella perspectiva del deber ser: madre, esposa, empresaria independiente e influencer de la estética, en un contexto de integración mediático-política muy visible en los canales líderes de televisión.

 

Uniformar el feminismo

Nancy Fraser sostiene que el neoliberalismo hace su apropiación del feminismo para vaciarlo de sentido y detener su horizonte emancipador. En este sentido, no podemos reducir el enfoque al análisis de las figuras femeninas de la política, sino ampliar la mirada hacia otros formatos donde se anida silenciosamente –y con mayor eficacia– esta racionalidad en las subjetividades.

Tanto “El diario de Mariana” como “Pamela a la tarde” se constituyen como magazines variados que continúan la agenda política diaria de los grandes medios, y también puntualizan en hechos relacionados con el mundo del espectáculo y el entretenimiento. En esa trama, Mariana y Pamela tienen periodistas laderos que las secundan y que reafirman una noción que oscila entre el periodismo gendarme, el periodismo low cost y los altos índices de opinología.

“No es casual que dos programaciones de canales de televisión masivos y con un claro alineamiento –con matices, claro– reproduzcan formatos y apuesten a determinadas figuras, cuyo ascenso resulta sorprendente”

Siguiendo esta línea, las conductoras juegan un rol esencial en el redireccionamiento de las noticias, escuchan a sus compañeros, añaden comentarios y finalmente ofrecen su perspectiva orientada –habitualmente favorables con el discurso de Cambiemos–. Todo esto con la pose de la cortesía y del respeto.

Así, los entrevistados pasan con mayor o menor exposición según la atenta mirada de ellas; los móviles disparan momentos articulados con el vértigo del minuto a minuto y sus consideraciones sobre temas particulares de la coyuntura pueden desenvolverse entre risas, con seriedad absoluta o con indignación. La tarde es de ellas, y así habilitan el juego, mientras las noticias atraviesan la rutina del programa y las operaciones circulan con la fuerza de la información más pura.

 

Las chicas de la tarde

Otro aspecto que se alerta en esta enunciación es que no es casual que estos programas compitan en franja horaria y lleven su nombre como marca del contenido. Así, “Pamela a la tarde” y “El Diario de Mariana”, al igual que Susana Giménez y Mirtha Legrand, titulan su proyecto televisivo con su propia presencia, pero a diferencia de estas “divas”, las chicas de la tarde están en franco ascenso e interpelan fuertemente a aquellas mujeres que están en las tareas domésticas en su casa, oficina o los comercios. A modo de acompañamiento radial, estos programas funcionan como música de fondo de una fiesta animada. La idea de magazine certifica este aspecto y su “frescura” al aire provoca una empatía mayor que en los casos de Legrand y Giménez.

Con una agenda más aggiornada, pero de ningún modo con perspectiva de género, estas jóvenes conductoras son respetadas a pesar de no tener una trayectoria en el periodismo. De algún modo, maduraron en la pantalla tras jugar todos los roles integrados del star system argento: en sus carreras se evidencia la historia reciente de la TV de aire.

En el caso de Mariana, sus inicios se remontan al boom del archivo con el programa PNP (“Perdona Nuestros Pecados”) y otros humorísticos –no políticos–. Luego encabezó los mediodías desde una presencia familiar, con la cocina del ahora intendente de Quilmes, Martiniano Molina. Incluso llegó a la TV de Estados Unidos junto a Santiago del Moro, sin mucho anclaje. Ya en tiempos del kirchnerismo, tuvo su propio envío de archivo “El resumen de los medios” bajo la producción de su ex marido y socio, Gastón Portal. Allí sin política, pero con polémica, Fabbiani comenzó a combinarse como una marca atractiva para sus auspiciantes y a compartir el primetime de la TV.

Por su parte, Pamela entró a la pantalla a partir del reality show “El Bar”, conducido por Andy Kusnetzoff. Allí su belleza y exuberancia ganaron la atención de productores teatrales y de la prensa gráfica, no así su astucia para ganar el juego –un premio de 100 mil patacones–. Su versión como cronista llegó años más tarde y lejos de Gerardo Sofovich, con un programa de actualidad con humor llamado “Fuera de foco”, donde junto a Pablo Granados y Martín Ciccioli reversionaban “Kaos en la ciudad” con una estética más popular. Allí Pamela empezó a lucirse como una voz de la gente común.

“Este modelo mediático de mujeres modernas encarna una lógica de centralidad femenina, que contiene una ligazón neoliberal en su desempeño y se articula también con los movimientos de emancipación”

Ya en el 2018, ambas se encuentran posicionadas en el actual mapa estrecho de medios. Mientras que Fabbiani está casada con el empresario de medios Mariano Chihade –dueño de la productora Mandarina y fuertemente alineado con el Grupo Clarín–, David es la esposa de Daniel Vila, presidente de Grupo América que incluye empresas proveedoras de cable e internet, canales de televisión abierta y por cable, radios AM y FM, diarios y webs. En esta trama de vínculos y coincidencias comerciales, los programas de Mariana y Pamela activan una enunciación editorial que copa la tarde y difunde una estética de conducción desde el sentido común y la supuesta llanura.

Por tanto, este modelo mediático de mujeres modernas encarna una lógica de centralidad femenina, que contiene una ligazón neoliberal en su desempeño y se articula también con los movimientos de emancipación. A partir de una perspectiva femenina mediática –con intertextos “Girl Power”–, Mariana y Pamela refuerzan un discurso desde un sentido común típico, ligado a nuevos modos de entender el lugar de la mujer en la televisión y una desplegada apelación de subjetividad neoliberal latente –emoción, más que argumento; indignación más que profundización; opinión, más que información con datos–.

Así, el esquema femenino propuesto por estos medios de comunicación se profundiza a la par de su crecimiento profesional en contexto macrista. Si se piensa en la construcción de imagen de María Eugenia Vidal Vidal, Gabriela Michetti o Carolina Stanley –por citar tres ejemplos–, se advierte que tanto Pamela como Mariana coinciden con la lógica habilitada y consagrada de Cambiemos.

Entre la simpatía y la dureza en términos de “indignación popular”, ambas construyen una pose de afabilidad en las tardes de la TV abierta. Con cierto estilo disímil, aunque con propósitos bastante cercanos, David y Fabbiani editorializan de acuerdo a las temáticas de la agenda informativa hegemónica y distribuyen el juego desde la ajenidad y el compromiso, según las circunstancias. Mientras tanto, no dejan de mostrarse aisladas y también en una postura “a favor de la gente”. De esta manera, la estrategia de “la pantalla rosa” de la televisión, en tiempos macristas, consagra efectos de sentidos favorables a un deber ser femenino atravesado por la maternidad, la indulgencia y, finalmente, la sonrisa siempre disponible para aparentar un cierre de “grieta”. Ellas que parece que solo acompañan y entretienen, juegan fuerte y con precisión.

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Last modified: 11 julio, 2018

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