Turbulencia en el principado bonaerense

| Política

Carlos Marino es director de Letra P, sitio que en los últimos años supo volverse tránsito ineludible de aquellos lectores interesados en un periodismo político más cerca de su objeto de estudio que de la uniformidad pasteurizada –y rodeada de fotos de Jimena Barón– de los portales de noticias. Con base en La Plata –donde también dirige a su más reciente y localista proyecto, 0221.com–, Marino observa desde hace años los movimientos políticos desde y hacia la capital de la provincia de Buenos Aires, ese verdadero universo de realidades divergentes que él denomina “confederación de principados” y que la política nacional insiste en colonizar con dirigentes de extracción porteña, llámense Daniel Osvaldo Scioli o María Eugenia Vidal. En medio del escándalo por los aportantes truchos que hoy sacude la –hasta hace poco incombustible– aldea vidalista, Marino analiza el trasfondo político de la crisis y apunta contra la falta de estructura política de Cambiemos a nivel bonaerense. Además, asegura que Vidal es “gobernadora, no jefa política” y aprovecha el escándalo como excusa para reflexionar –mientras afuera la ciudad se empapa en otra jornada de tormenta permanente– sobre los viejos errores que arrastra una provincia gobernada desde hace años por extraterritoriales, dirigentes en combis y líderes absolutos.

 

¿Qué creés que revela políticamente este escándalo de los aportantes truchos?

Que Cambiemos no tiene una estructura partidaria en la provincia de Buenos Aires. No hay un lugar de toma de decisiones en el cual los dirigentes se sientan parte. Hagamos un repaso. El PRO llega al 2015 sin personería jurídica. Es una alianza de sectores, donde el emergente es María Eugenia Vidal, que es el larretismo que pone su candidata. Monzó ya está un poco raleado, porque había intentado construir una alianza con De Narváez o con Posse para traerlos a una interna. El PRO dijo: “No. La candidata es nuestra y atrás que vengan todos”. Después está el radicalismo, que toma la vicegobernación en una negociación que se resolvió en una mesa. El candidato era [Juan Alberto] Gobbi, pero como era alfonsinista lo boletearon en cinco minutos y lo reemplazaron por un tipo que estaba jubilado. Y después el peronismo PRO, que era el que había roto con Massa –particularmente en la Tercera, la gente de Mércuri y Saredi–. Llega al día de la asunción y ninguno tiene un lugar en el gabinete. La banda de Monzó es eyectada de la provincia y se la inhabilita a participar. Pretendía poner el ministro de Gobierno.

 

Ahí se suprime la jefatura de gabinete.

Que después la volvieron a levantar. Pero lo cierto es que el radicalismo cobra mal y queda herido. Y el peronismo PRO cobra peor. Entonces el gran problema es la ausencia de una fuerza política, que no deje en la primera línea de fuego a la principal representación institucional, que es la gobernadora. ¿Por qué en un escándalo de connotaciones meramente partidarias y electorales, en las cuales la gobernadora no es candidata, queda expuesta como primera barrera de contención? Hay una concentración del poder político-institucional tal que no hay manera de que no te peguen todas las balas a vos.

 

¿La ves como una crisis de Cambiemos o del vidalismo?

Del vidalismo. Porque Cambiemos no tiene una mesa de toma de decisiones. Y el que conduce políticamente Cambiemos en la provincia de Buenos Aires es el PRO. Y su presidenta es María Eugenia Vidal. Igual este problema de la concentración no es exclusivo de Cambiemos, también le pasó al Frente para la Victoria, que era un frente electoral donde estaban integrados un montón de partidos políticos. Pero las decisiones eran de Cristina y Néstor.

 

¿O sea que parte de lo que ves en esto es la ya vieja crisis de los partidos políticos?

Totalmente. Es más. Hay una crisis de los partidos políticos en términos de estructura jurídico-administrativa, que se agrava en la construcción de los frentes electorales. Preguntémosle a cualquier dirigente del Frente para la Victoria si había una mesa donde se tomaban decisiones y se analizaba cuál era la estrategia a seguir. Vos tenías seis sellos para decir: “En tal distrito me llevo mal con el de Nuevo Encuentro. Hago una alianza con el del PI. Y estamos los del PI y el PJ en contra del de Nuevo Encuentro y lo dejamos afuera”. Básicamente es eso. En Cambiemos pasa algo muy similar, con una gran diferencia: hay una centralidad tan grande en Vidal –y su equipo– que las decisiones las toma ella y su mesa chica. Que es muy chica: Salvai, el secretario de Comunicación Pública Federico Suárez, un asistente de ellos, el secretario General Fabián Perechodnik. Después no hay una mesa donde formalmente citen a Grindetti como jefe de la Tercera o a Jorge Macri como jefe de la Primera. La foto del gabinete ampliado, muy simpática y moderna, en la que están cuarenta personas, todos saludando con la mano para arriba, es formal.

 

¿Pero esa centralidad se traduce en conducción?

No hay conducción política en la Provincia de Buenos Aires, hay una conducción administrativa. Vidal es gobernadora, no una jefa política. Uno mira el sciolismo. Cuando llega a La Plata, los platenses lo denominaban “los diez de la combi”. Eran diez porteños que venían en combi a hacer la toma del poder. ¿Cuál es la diferencia? Scioli gobernaba sobre la estructura político-administrativa del peronismo. Y si ustedes se fijan, el gabinete –si bien era sciolista– dejaba un sistema de poder, administrativo, con intendentes, de capas geológicas estatales del peronismo. Vidal llega y no tiene esa fauna autóctona. Llega otra combi y dice: “¿Qué es esto? ¿Dónde hay un Farmacity”. “No, acá no hay Farmacity”. Entonces llegar y construir ese poder es muy complejo. Es más, creo que el gran problema que tienen los candidatos que llegan de la Capital a la Provincia es que no la comprenden. No tienen un apego institucional. La provincia es como una confederación de principados. Cada municipio tiene su estructura de poder. El comisario, el cura, el Rotary, el Concejo Deliberante, sus industrias, sus instituciones y sus medios de comunicación. Lo que pasa en ese principado no muchas veces irradia hacia otros. Los porteños vienen con la idea de que entre Palermo y Belgrano no hay diferencia.

 

El viejo problema de los extraterritoriales.

En algún punto, todas estas críticas que le hacemos a Cambiemos son injustas, porque la construcción del peronismo no es mucho mejor. Si prestan atención a lo que fue el proceso entre 2011 y 2015, van a ver una desterritorialización del poder político del peronismo en manos de La Cámpora, que rompe los lazos que hay entre el intendente, el Poder Legislativo provincial y el Poder Ejecutivo provincial. La lógica de los extraterritoriales que hoy vemos exacerbada en Cambiemos fue una práctica que el kirchnerismo había implementado. Y por eso es tan mala su representación hoy en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires.

 

Dijiste que el vidalismo dejó muchos heridos en el camino. ¿Creés que detrás de este escándalo de los aportantes hay fuego amigo?

No creo. Indudablemente hay diferencia entre el sector de Marcos Peña y el ecosistema Vidal-Larreta. Creo que Peña vio una oportunidad. “¿Ustedes me hablan a mí de política? ¡Que no entiendo nada! Bueno, el quilombo de los aportantes arréglenlo ustedes”. Si se fijan, no hay mayores denuncias de la recaudación de fondos de la campaña de 2015. Esto tiene que ver con que el sistema de conducción política de Cambiemos en 2017 cometió errores.

 

Errores que se apoyan sobre una forma de gobernar la provincia que Cambiemos, finalmente, no modificó.

¿Conocen algún ministro, entre el año 2015 y 2017, que haya reportado al sistema político marplatense, o que haya reportado al sistema político de Bahía Blanca, o que haya reportado al sistema político de Jorge Macri? Si decimos que el frente electoral que llega al gobierno en 2015 estaba integrado por el vidalismo, el monzoismo, el radicalismo, el peronismo PRO y aliados, y ninguno pudo lograr poner un hombre de ellos en el gabinete, ¿es un gabinete inclusivo o excluyente? Daniel Scioli hizo lo mismo, convocó como secretario de Asuntos Municipales a Juan de Jesús, y el tipo termina renunciando porque no le daban ni auto ni chofer. O sea, sistema excluyente y suma del poder público. No se olviden que Daniel Scioli termina su gobernación con él como gobernador, en realidad, como vocero del gobernador Alberto Pérez, con Martín Ferré como secretario General de la gobernación y con Cristina Álvarez Rodríguez –que no tiene un voto en ningún lado, solamente tiene ADN peronista– como ministra de Gobierno. Se encerraron en el palacio y desde ahí gobernaron.

“Cuando llega el sciolismo, los platenses lo denominan “los diez de la combi”. Eran diez porteños que venían en combi a hacer la toma del poder. ¿Cuál es la diferencia? Scioli gobernaba sobre la estructura del peronismo. Vidal llega y no tiene esa fauna autóctona. Llega otra combi y dice: ‘¿Qué es esto? ¿Dónde hay un Farmacity”

Recién nombrabas a Monzó. ¿Fue en cierto punto un visionario que supo correrse a tiempo?

Emilio no se va. Hay una ruptura clara entre Monzó y el armado provincial de Vidal. Se siente destratado, pero queda como presidente de Diputados, reportando al presidente. Cuando no le permiten bajar a la sesión por las tarifas –que es una orden que baja la Jefatura de Gabinete– él dice: “Me voy de embajador”. Pasan dos semanas, empieza a haber una corrida cambiaria y él vuelve a decir que está y participa de la mesa chica. Es mentira. No participa en ninguna mesa chica. Él dice que vuelve. ¿Para qué? Para no quedar con el estigma de Chacho Álvarez, de ser la persona que le saca el cuerpo a su propia fuerza política. Emilio se siente parte del gobierno y trabajó muchísimo para que tejiera las alianzas necesarias y llegara al poder. Chacho Álvarez no se sentía parte. Sentía que lo que ponía en juego era su credibilidad como hombre de bien. Renuncia y hoy lo podemos cruzar en el subte y ni nos acordamos que fue vicepresidente de la Nación. Emilio no quiere tener esa responsabilidad. Quiere que a este gobierno le vaya bien.

 

Pero en el caso de los aportantes truchos, por ejemplo, hay quienes sostienen la línea de Vidal, pero en off te reconocen que ponen la cara en un momento complicado y terminan enterándose de las malas noticias por los medios. ¿No hay ahí un paralelismo posible con Monzó, que pone la cara por decisiones que él no toma?

Pone la cara porque, insisto, él quiere que a este gobierno le vaya bien. Después comparto que no ha sido parte de la toma de decisiones. Ahora, lo que también pasa es que hoy todas las noticias son malas. En el peor momento macroeconómico del gobierno, estalla el escándalo de los aportantes irregulares. En el medio, un diputado de Lilita, [Guillermo] Castello, dice que va a presentar una ley para que haya Uber en la provincia de Buenos Aires. Vos decís: “Están todos locos”. Lombardi despide cuatrocientas personas de Télam. Son errores no forzados. Nadie les dijo: “Hacé una nómina de esta manera y meté gente de la AUH”. O: “Presentá una ley de Uber”.

 

Letra P habló de una “turbulencia permanente”. Que es, en un gran medida, una turbulencia autoinducida, que va desde la reforma previsional en diciembre hasta este escándalo de los aportantes truchos. Teniendo en cuenta todas las conceptualizaciones que se vienen haciendo desde 2015 respecto de qué es Cambiemos –si es una derecha democrática, moderna, o es otra cosa–, ¿vos cómo definirías a Cambiemos?

Como un grupo de poder que se juntó para llegar a la administración del Estado y aplicar políticas de derecha conservadora. No hay un sistema político. No hay un partido político. Creo que el único dirigente político que tiene una cabeza de construcción de poder político se llama Horacio Rodríguez Larreta.

 

¿Macri no?

No. Macri es un administrador del poder.

 

No político.

No. Las decisiones de Macri se toman en términos de administración empresarial. A una empresa le baja la facturación, cierra una sucursal, achica el personal. Lo que Macri no termina de entender es que él no es una empresa. Tiene la responsabilidad de contener lo que despiden las hilanderas, Coca Cola o un canal de televisión.

 

Periodismo en la era digital
¿Macri tiene responsabilidad sobre lo que sucede con los medios?

Como jefe de Estado tiene que tener una política para la reconversión en el sistema de medios. ¿Cómo se van a financiar los medios si la publicidad no pasa ya por comprar centímetros en una página de papel? Habrá que ver cómo se le cobra IVA a Netflix, Google, Facebook y los servicios online, y con eso armar un fondo para industrias culturales. Y que los medios digitales cobren una especie de derecho de autor por los contenidos que generan, según la cantidad de visitas, según la cantidad de empleo que dan. Los medios de comunicación tienen un rol social, cultural para la democracia. Cuentan las historias de los pueblos y la vida social y cultural de una comunidad, sea de un pueblo de 7 mil habitantes o sea de una ciudad de 2 millones de habitantes.

 

¿No es eso lo que motivó a algunos medios a fundar la Asociación de Periodismo Digital?

Sí. En realidad, en 2014 quedamos excluidos de la ley que presentó el kirchnerismo de Reforma del IVA para empresas periodísticas, donde abrió categorías de PyMEs para que los diarios del interior, que venían pagando 10% de IVA pasen a pagar 2,5 o 5, según su volumen de facturación. Nosotros planteamos que los medios digitales cumplimos el mismo rol que una empresa periodística de papel y nos negaron la posibilidad de incorporarnos. Nos juntamos por ese reclamo con otros medios –La Política OnLine, MDZ, 0223, La Brújula de Bahía Blanca– y en 2015 se consiguió una media sanción. En 2017 se sancionó definitivamente. Lo que falta todavía es ver cómo se van a financiar los medios.

 

Eso ya es otra discusión que trasciende esta ley.

Y que amerita una discusión más profunda. En el mundo el paradigma de la verdad cambió. Hay un sistema de algoritmos que permite ver lo que Google y Facebook quieren, ellos quedan como constructores de realidad. Entonces lo que hay que privilegiar y proteger desde el Estado es a los que generan contenido, desde el diario más chiquito de Ushuaia o La Quiaca hasta Clarín. Con todo lo que eso implica. Sino los medios necesitan tener otras unidades de negocio para subsistir como tales. Lo que ya no es ser sólo medios de comunicación.

 

Se vislumbra un futuro de medios nativos digitales. Hablaste de que ya no es negocio para los diarios en papel vender espacios publicitarios. Además están perdiendo lectores.

Siguen vendiendo espacios en el diario de papel porque es lo que subvenciona la estructura del digital. Si viene una empresa y te compra por CPM, y tu comparación de CPM de impresión de pantalla es Google, el nivel en que arrancás discutiendo la pauta es bajísimo.

 

¿De qué manera influyen las redes en Letra P y 0221?

Los medios de comunicación hoy tienen un desafío. El puntocom se transformó en el viejo diario de papel. En la era digital hay distintos canales de distribución. Facebook, Google, Twitter, Instagram, Snapchat, Telegram y Whatsapp. Nuestro desafío como generadores de contenido y curadores y desarrolladores de medios es cómo usamos cada una de esas plataformas para que nuestros contenidos lleguen a nuestras audiencias. Y lo que tenemos que poner en discusión al momento de negociar las pautas con el sector privado y con el sector público es todo el ecosistema que se genera alrededor de nuestro medio.

 

Entre el periodismo político y la política suele haber una relación cercana, casi cotidiana, y al mismo tiempo tensa. ¿Cómo ves ese vínculo entre periodismo y política?

El periodismo político es incómodo porque interpela al poder político y al empresario. Implica un nivel de formación y de especificidad muy alto, y estar dispuesto a problematizar las cosas. No se puede hacer periodismo político descriptivo. Letra P no es un portal de noticias, es un portal de notas. Necesitamos tener una mirada crítica del poder, de la economía, de los negocios y de la política partidaria e institucional porque la política no quiere que se discuta eso.

 

Letra P es de los pocos medios que, cuando habla de los territorios, cita a los medios zonales.

Los medios digitales tienen una gran virtud: son muy generosos porque ponen a disposición un montón de herramientas y contenidos de manera gratuita y cercana. En la provincia de Buenos Aires en particular –donde está este sistema de principados sin algo que los aglutine– puedo enterarme qué pasa en Bahía Blanca o en Tres de Febrero gracias a que hay un colega que lo está contando. ¿Por qué no valorarlo?

“Los medios de comunicación hoy tienen un desafío. El puntocom se transformó en el viejo diario de papel”

¿Le agrega un valor geopolítico?

Exactamente. Los platenses tenemos una deformación: creemos que lo bonaerense es lo que pasa en la ciudad de La Plata. Pero cuando uno empieza a recorrer la provincia de Buenos Aires, que yo la recorro toda… En tres años al auto le metí 180 mil kilómetros. Tenemos una corresponsalía en la Patagonia, con asiento en Río Negro, porque un periodista fundador del medio se fue a vivir a General Roca. De Roca se va a Viedma, a Bariloche, a Neuquén, y tiene un mapa de la provincia. Intentamos tener territorialidad.

 

¿Para conciliar con esa deformación platense se lanzó 0221?

La ciudad de La Plata es la capital de provincia más depreciada del país por lo copada que está por lo porteño. Los medios de comunicación nacionales ingresan sin ningún tipo de restricción y a lo largo de estos años se ha perdido un medio que cuente la ciudad. La Plata perdió Canal 2, la señal que le corresponde a toda capital de provincia, se lo llevó Eurnekián a Palermo y de ahí nunca más volvió. El Día, con sus 130 años, cuenta una ciudad. Los demás medios –incluido Letra P– le hablan a un segmento muy específico. Tuve una experiencia, de 2012 a 2014, refundando 0223. El fundador vendió el medio y tomé la dirección. Contraté un staff periodístico, rediseñamos el portal y fuimos al concepto de medio generalista-localista, tomando como modelo Infobae. Un medio que habla de todo lo que pasa.

 

Lo que pasa es que Infobae lo hace a escala nacional y ya en los últimos tiempos apuntando a un público más amplio de habla hispana.

La vocación de 0221 es la de ser el diario digital de la capital de la provincia de Buenos Aires. Un medio multiplataforma. Nos asociamos con 221 Radio, la 103.1. Ellos ya tenían el nombre. Nosotros tomamos el número 221, que es la característica interurbana de la ciudad. Aquél que va a trabajar a La Plata sabe qué es y aquél que tiene que llamar sabe de qué estamos hablando. Planteamos ejes claros a abordar. Sociedad: lo que pasa en la ciudad. Deportes, pero en una versión platense, que es Gimnasia y Estudiantes. Estamos empezando a avanzar en contar las historias de rugby. Y la agenda cultural, porque la ciudad de La Plata tiene una vida cultural fenomenal. Empezamos el año pasado, entre julio y diciembre hice un relevamiento de medios de la ciudad. Vimos que había una oportunidad de llegar a las nuevas generaciones, trabajando mucho los canales de distribución. Vimos un nicho. Usamos las herramientas que brinda la tecnología. Hay un equipo de quince periodistas, que generan contenido. Letra P tiene un lenguaje totalmente distinto. 0221 hace noticias.

 

No notas.

Primero hay que entender a quién se le habla, cómo y para qué. Nosotros le hablamos a La Plata. Y la centralidad de los medios localistas está fundada en información y servicios.

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Last modified: 14 agosto, 2018

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